Amado Hidalgo. Hace 6 días

Hace algún tiempo, Antonio Alfaro analizó el mal momento de la Liga, plagada de lesiones, y concluyó que el equipo estaba tan de mala suerte, que si ponía un circo “le crecían los enanos”.

Días después, el propio técnico, Hernán Torres, confirmó que sí tenía “enanos” en la plantilla, pero desmintió a Antonio en el tema de que habían crecido. Al contrario: la noche en que los necesitaba grandes, aunque fuera un centímetro más, una pelota juguetona silbó sobre sus cabezas y se clavó en el destino manudo. Justo contra su archirrival.

Revisando este carrusel de emociones en que Alajuelense ha convertido su primer torneo del Centenario, me permito corregir al técnico y al periodista. Lo que hay en la Liga son duendes, gnomos, elfos, trolls, o como quiera llamarlos… Traviesos seres que, juguetones, son capaces de hacer pasar el peor de los ratos a cualquiera.

Esta versión mía de la crisis alajuelense es tan inverosímil como las mitológicas historias de estos seres fantásticos. Pero cuando un fenómeno es tan difícil de explicar, a veces lo sobrenatural es el camino más fácil. Echémosle la culpa a las pequeñas criaturas que se apoderaron del Morera Soto y listo. Colorín colorado.

Además, para ser justos, hay que apuntar que los duendes no siempre jugaron en contra de los intereses rojinegros. No. En un par de lances se apoderaron del silbato del árbitro de turno, a veces para pitar una falta fantasma, o en otras para impedir que sonara, en ambos casos en defensa de los intereses manudos.

¿Un favor de los gnomos? No, que va. Querían seguir divirtiéndose a costa del león herido, aquejado de la pandemia de sus 100 años, con medio equipo en la enfermería, un gigante portero que vio muy pequeño a sus compañeros, un técnico que se convirtió en malabarista para hacer alineaciones y una dirigencia incapaz de exorcizar sus errores y alejar a tiempo el fantasma del 29.

La afición liguista veló al equipo en varias jornadas, pero los duendes no lo dejaron morir, jugando con los resultados una y otra vez. Sembraron ilusión en donde antes plantaron desesperanza. Convirtieron el camino manudo en una aventura traviesa de elfos, tan cruel que, efímeramente subieron a la Liga hasta la zona de clasificación.

Salvo que los enanos ejecuten una travesura de antología, Alajuelense no irá a la segunda fase. Entonces la dirigencia manuda tendrá que asumir una posición autocrítica. O da crédito a esta columna, algo impensado, o analiza con seriedad todos los rincones del Morera Soto. A lo mejor encuentra que allí, en diferentes escenarios, sobre distintas sillas, han estado sentados hombres grandes, pero a quienes la camisa rojo y negra les resulta gigantesca.