Roberto García H.. 29 febrero

“Siempre con la verdad, sin ataduras” fue más que una frase en el programa radiofónico Oro y Grana, que sale del aire hoy sábado 29 de febrero, después de 45 años de labor ininterrumpida, al mando de Miguel Cortés Valerio. Quizás tendrá que transcurrir algún tiempo para dimensionar realmente la sensación de vacío que deja un micrófono que se apaga, después de promover el sano ejercicio del músculo y los valores del deporte, con la misión de informar, comentar y documentar, por encima de banderías e intereses espurios.

De común acuerdo con Antonio Alfaro, editor de Puro Deporte, hace un mes decidí abrir una pausa en este espacio de privilegio, para profundizar en los libros y en otras fuentes del conocimiento mi visión del mundo y eso que llaman cultura general. No obstante, a raíz del sorpresivo cierre de Oro y Grana, pedí a Antonio la oportunidad de disertar aquí en torno a las razones que han motivado a Cortés a poner el punto final de su extensa travesía profesional, a pesar de que le queda tanto por aportar en nuestro periodismo.

Así como aprendí en La Nación a emborronar cuartillas como cronista de fútbol durante tres décadas, fue en Oro y Grana donde empuñé por primera vez un micrófono, y experimenté la pasión radiofónica de coincidir, discrepar, respetar y discernir. Antes de que Miguel me invitara a formar parte de su grupo de contertulios, solamente había utilizado un micrófono como el baladista del corazón roto que cantaba al amor y a las utopías con el Clan de Mamá de doña Flory Navarrete y sus hijos, entrañables amigos míos, desde 1974.

Vuelvo a Oro y Grana. El legado de Cortés Valerio al periodismo y a la opinión pública consiste, precisamente, en la valiente enunciación de sus verdades sin ataduras, cartas de navegación que plantean a los demás el desafío de superar los logros del veterano hombre de radio y su equipo de colaboradores. Si bien le asiste a mi amigo Miguel el pleno derecho de emprender nuevas rutas en su círculo íntimo, personal y familiar, no dejo de lamentar su decisión, pues el micrófono que hoy se apaga marcó una senda que, necesariamente, sus colegas, los actuales y los del futuro, tendrán que continuar.