Fútbol Nacional

Eduardo Li, personaje del 2014

El brillante papel de la Tricolor en Brasil 2014, donde Costa Rica pasó de ser la “Cenicienta” del Grupo de la Muerte a dejar a varios campeones mundiales en la lona y llegar hasta cuartos de final contra Holanda, fue solo el corolario de un año soñado para Li, aunque también tuvo sus zipizapes, como el escándalo nacional que se decantó tras la aparatosa salida del técnico Jorge Luis Pinto.

Vestido de estricta etiqueta, impoluto, sin un cabello fuera de lugar, pulcramente perfumado y prácticamente inmóvil. El buen gusto lo rodeaba; champaña, canapés de caviar y refrescante aire acondicionado.

Eduardo Li recorría con la vista aguada y los dientes apretados la inmensidad del estadio Castelao, en Fortaleza, Brasil, desde donde divisaba a una multitud agonizante de delirio por el empate contra Uruguay.

Así, el presidente de la Federación Costarricense de Fútbol de Costa Rica (Fedefútbol), envidió a rabiar a aquella plebe sudorosa que hizo filas por horas bajo el inclemente sol, que debía elegir entre aguantar las ganas de ir al baño o perderse buena parte del juego, que debió soportar uno que otro majonazo y quien sabe cuántos coletazos de transpiraciones ajenas.

Sucede que el protocolo de FIFA –considerado casi tan rígido como el del Vaticano– dicta que los altos jerarcas de las distintas federaciones, sitiados en sus cuarteles V-VIP, a cuerpo de rey, no pueden emitir más que unas cuantas palmadas de celebración, así se trate de la final del Mundial.

Nada de abrazos; mucho menos, gritos de celebración y, claro, aún muchísimo menos, los madrazos espontáneos de emoción con que gran parte de la jauría tica celebraba aquí, en Brasil y en el resto del mundo.

Por eso Li repitió su sufrido ritual una y otra vez en los sucesivos juegos de Costa Rica... hubo momentos en que, con tal de darle rienda a su frenesí, ya ni siquiera deseaba estar en cualquier rincón de la gradería del estadio de turno: le habría bastado estar volviéndose loco entre estallidos de espuma de Imperial en el Caite Negro, uno de los bares más emblemáticos (y de sus favoritos) en su amado Puntarenas natal.

Pero no.

Justamente, a la hora de responder por qué alguien querría estar a la cabeza de la Fedefútbol cuando se trata de uno de los puestos más impopulares del país, en el que si la ensarta pierde y si no, también, Li se explica.

“No hay un jeque árabe –por ejemplo– que pueda comprar el pase a escenarios a los que solo los líderes del fútbol mundial tenemos. Estar en el sorteo de FIFA, por decir algo... son los grandes pluses de un puesto que ciertamente es muy sufrido” , asegura este ingeniero civil y empresario de 55 años (aunque acaso aparenta los 50).

Costarricense de origen chino, Li lleva siete de estar frente al espinoso puesto de presidente del fútbol local.

Ha mordido el polvo muchas veces –aunque reconoce que nunca como cuando la Sele perdió la clasificación a Sudáfrica en el último minuto–, pero este 2014, por fin, ha sabido lo que es materializar el regocijo en instantes de felicidad absoluta... la gran mayoría, atesorados en Brasil.

Viendo en retrospectiva lo vivido durante su periodo al frente de la Fedefútbol y con el calendario actual a punto de expirar, el balance que hace Li es más que positivo. Si bien no las ha pegado de todas, todas, los logros del fútbol tico van más allá de la gesta de la Tricolor en el mundial.

Tras obtener un 4°. lugar con la Sub-20 en el Mundial de Egipto 2009, se vino el proceso clasificatorio para Sudáfrica, que culminó con uno de los fiascos más amargos que ha vivido Costa Rica en materia deportiva.

Con todo el país en contra, Li tuvo que acopiar fuerzas y rearmar los pedazos de su ánimo en un proceso que llevó varios años, siempre con la afición vigilante y malpensante (lo cual, afirma el dirigente, no es “prerrogativa” de Costa Rica, pues la inclemencia de los tifosi les atañe básicamente a todos los países futboleros del planeta).

En enero del 2013 la Tricolor se alzó con la Copa Uncaf y, nueve meses después, finalmente lograría el anhelado pase al mundial de la samba, tras empatar a uno con Jamaica.

El “hubiera” no existe, pero Li, hoy bastante relajado a la luz de los acontecimientos, prefiere no pensar en lo que hubiera pasado si la Sele no clasifica a Brasil.

Tras un debut de ensueño (con sendos triunfos sobre Uruguay e Italia, y un empate contra Inglaterra), se le ganó a Grecia por penales y Costa Rica, la otrora llamada “Cenicienta” del Mundial o “la Costa-Pobre”, se clasificó para un duelo en cuartos de final, nada menos que contra Holanda.

“Los centroamericanos aniquilaron al ‘Grupo de la muerte’, eliminaron a Inglaterra y obligan a Uruguay e Italia a disputar el segundo pase (…). El final fue a toda orquesta, con toques y lujos, con las tribunas cantando ‘Olé, Olé’”, reseñó en aquel momento CNN en Español, en “un tributo a Costa Rica, que llegó como Cenicienta y el Patito Feo y ha revolucionado con gran belleza el fútbol en Brasil 2014”.

Probablemente Eduardo Li quisiera recordar cómo él y su tropa, los generales y soldados a cargo, se montaron por aquellos días en el cabús del éxtasis como si no hubiera un mañana, tal como lo hizo la afición.

Pero no. Si bien hubo momentos pletóricos de júbilo, la procesión de la responsabilidad ante la envergadura del proceso los obligaba a él y a los suyos a mantener la cabeza fría, puesta en el próximo paso.

A lidiar con otros sinsabores que se fueron agigantando y culminaron con un tremendo desaguisado poco después de que la Sele regresara al país cargada de orgullo y de gloria. El episodio de la salida del técnico Jorge Luis Pinto ya estuvo, ya quedó atrás, afirma el dirigente. Pero la contusión que le ocasionó aquel exabrupto aún le duele... si se la tocan, tal como veremos más adelante.

El porteño que lleva dentro

Cuando está tras las cámaras y en persona, Eduardo Li Sánchez da la impresión de ser de talante serio, quizá hasta inexpresivo.

Pero bastaron dos horas de entrevista que terminó siendo una maratón de tertulias en una tarde-noche de viernes en el restaurante del Proyecto Gol, en San Rafael de Alajuela, para encontrarse a un tipo más bien distendido, de respuestas sencillas, bastante dicharachero y de risa fácil.

Claro, según el tema que se esté bordeando.

Cuando hurga en lo profundo de sus recuerdos, se solaza en el anecdotario de su infancia estampada en imágenes teñidas de olor a mar y sabor a sal; de recuerdos sellados en el tono ambarino de los atardeceres en el Puerto, de correrías interminables a lo largo del Paseo de los Turistas.

Se declara “porteño 100%”, proveniente de una familia de comerciantes. Su abuelo paterno vino al país en 1920 y en un principio se dedicó a la agricultura en Jicaral, mas pronto se percató de que el negocio estaba en el comercio y se montó un comisariato. Luego regresó a China, se casó y volvió, solo que a Puntarenas. Tuvo siete hijos; el mayor de ellos justamente fue el padre de Eduardo, quien es el único varón de tres hijos, y el menor de los tres.

Reconoce que fue algo “sobreprotegido” durante su adolescencia, pero el Puerto es el Puerto y no bien atisbaba su mayoría de edad cuando ya mataba fiebre a raudales durante intensos bailongos en el icónico salón La Deriva.

De hecho, se jacta de ser muy buen bailarín de merengue, salsa “y todo eso”. Otra circunstancia que dice haberlo preparado para las verdades de la vida adulta fue haber cursado el colegio en el Liceo José Martí, que por su carácter público agrupaba a muchachos de todas las clases sociales.

“Eso me marcó para siempre, aunque uno lo entiende después. Éramos 40 muchachos y ahí se mezclaban desde el hijo del muellero hasta el hijo del juez o del comerciante, todos éramos iguales. Había muchachos de comunidades marginales que eran más inteligentes o esforzados que otros en situación de más ventaja en la parte del confort y la economía. Fue una forma de entender que el mundo es de los audaces”, reflexiona el dirigente.

En la Universidad Regiomontana de Monterrey, Nuevo León, México, se convirtió en ingeniero civil, pero apenas ejerció durante unos pocos años. Pronto se vinculó con los negocios familiares y fraguó los suyos –en transporte internacional y agencias de aduanas, entre otros–.

Como amante del fútbol, al cruzar el presente siglo empezó a involucrarse, por supuesto, con el Puerto, específicamente, con el Municipal Puntarenas, en Segunda División.

En los primeros meses del 2004 y tras dos años al frente de ese equipo, Li y el empresario Adrián Castro compraron la franquicia de la Asociación Deportiva Santa Bárbara “con todos sus derechos y obligaciones”, aclara el dirigente, y lo convirtieron en lo que sería el exitoso Puntarenas F.C.

La bonanza futbolística y económica que tuvo bajo su cargo el Puntarenas F.C., volcaron la balanza para que, en el 2007, fuera elegido como presidente de la Fedefútbol tras la fugaz gestión de Walter Niehaus.

A propósito, Li recuerda como uno de los tragos más amargos de su vida el asesinato de su socio y gran amigo, Adrián Castro, en el año 2009, en un crimen que nunca se resolvió.

Siete años después de haberse convertido en el máximo jerarca del balompié nacional, ha aprendido a sacar roncha, como lo reconoce sin ambages. De todas maneras, no tiene mucha opción porque está dicho y visto que, haga lo que haga, siempre quedará debiendo.

A finales de agosto, apenas unas semanas después de volver al país, tras la megagesta de la Sele en Brasil, a alguien se le ocurrió que era buena idea incluir un video de Eduardo Li participando en el Ice Bucket Challenge ( Reto del agua fría ), y lo colgaron en la página de la Fedefútbol.

La andanada de chotas, burlas y ofensas se hizo casi tan viral en el país como el famoso desafío. ¿A cuenta de qué, por qué tanta animadversión? El propio Li lo explica:

– (Sonríe cuando se le menciona el caso) Bueno, primero que todo, tiene que saber que soy muy selectivo con lo que consumo. No uso redes sociales y le soy sincero, ni noticias veo, menos programas deportivos. Mucha gente no tiene idea de lo sacrificado que es esto, incluso creo que pocos saben que yo no devengo un salario...

– ¿No devenga un salario? Entonces ¿cuál es el rédito? Además, ¿cómo hace para vivir?

– Yo tuve mis trabajos como ingeniero y además, gracias a bienes patrimoniales tengo varias empresas, de ellas vivo. Desde que estaba en el colegio me convertí en un hombre de metas y cada vez creo más en lo que le puedo aportar al fútbol del país.

– ¿Aunque tenga que pagar el costo emocional? ¿A usted o a sus hijos (tiene dos, Eduardo, de 20, y Andrea, de 23) los han llegado a insultar en la calle, por ejemplo?

– No, viera que es curioso, prácticamente no me pasa. Talvez si estoy en la acera y alguien pasa en un carro de pronto grita algo, pero lo más cercano a un incidente fue una vez que estábamos en el Puerto, en un restaurante flotante, y unos chavalos comenzaron a ofender. El que quiso salir a defender al papá fue mi hijo, y eso que es supertranquilo, pero por dicha no pasó a más.

– ¿Cómo se recompone tras los momentos difíciles en el fútbol? Bueno, o en la vida...

– Ah, yo me cuido mucho. Tengo que decirle que soy un metrosexual 100%: me hago los pies, las manos, depilación, tratamientos en la piel, en el pelo. Me cuido en las comidas aunque me doy mis gustos. Tengo un gimnasio en la casa y esa es en mucho mi terapia, porque, además, hago ejercicio intenso, pero oyendo música romántica.

– ¿Usa Bótox?

– ¡No, no! Eso sí no.

– Cerremos con el tema del fútbol y con una arista que no puede faltar. Después de un gustazo, un trancazo, dice el dicho, ¿fue eso lo que siente que le pasó con el caso de Jorge Luis Pinto?

– (Sonríe) Ayyy, ya la veía venir...

– Más allá de lo que se dijo en ese momento y después, siempre me ha intrigado saber : ¿Qué le pasó por la cabeza en esos microsegundos (televisados a todo el país), en la conferencia en la que Pinto rompió el pacto?

– (Risas) ¿Le digo la verdad? (más risas) La verdad no puedo decírsela, por supuesto que me quedé en shock , sentía que la cabeza me iba a estallar.

– Quedó en evidencia, fueron segundos interminables para todo el país que se preguntaba qué está pasando, sobre todo al ver su cara...

– No sé, porque eso sí, esa toma nunca la vi... y no creo que la vea (risas). Pero en fin, esta entrevista no es sobre Pinto, ese tema quedó atrás.

–Volvamos al futuro entonces. Con los resultados recientes a su favor ¿tiene aspiraciones para asumir un puesto en FIFA Internacional?

–Claro que sí. Eso es lo que sigue.

– ¿Y su rol en la Fedefútbol?

– Se mantendría. Son puestos mancomunados.

– La carrera para Rusia empezó cuando se dio el pitazo final en Brasil. Usted, presidente de la Federación, ¿se atrevería a asegurar que Costa Rica va a estar en Rusia 2018?

– Por mi personalidad algo comedida, prefiero ser prudente a la hora de asegurar algo así. Lo que sí le puedo decir es que, después de Brasil, nos demostramos a nosotros mismos de lo que somos capaces. No le voy a decir que sí, pero le aseguro que vamos a hacer todo lo que está al alcance y más para estar en Rusia.

Yuri Lorena Jiménez

Yuri Lorena Jiménez

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.