Internacional

El deber soberano de Noruega

Los países con fondos soberanos deberían reconocer que ya no es suficiente tener en cuenta el riesgo climático

Los recientes acontecimientos en Noruega podrían tener implicaciones trascendentales para los compromisos relacionados con el clima en la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP26) que se celebrará en Glasgow el próximo mes de noviembre.

En agosto, un comité designado por el gobierno recomendó que Noruega dirigiera su fondo soberano de riqueza (SWF) en camino al logro de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) hasta el año 2050, y que las actividades del fondo se tornaran consistentes con los compromisos de Noruega en virtud de los acuerdos internacionales sobre el clima. Poco después, el candidato del Partido Laborista noruego a primer ministro, Jonas Gahr Støre, confirmó que, de ser elegido, introduciría un objetivo de cero emisiones netas para el fondo. Ahora que Støre emergió como el candidato victorioso en las elecciones parlamentarias de este mes, su desafío es formar una coalición que le permita cumplir lo que prometió en línea con sus convicciones.

El Fondo de Pensiones del gobierno de Noruega valorado en $1,4 millones de millones es el fondo soberano de riqueza más grande del mundo. Pero el país se ha mostrado reticente a la hora de poner el peso de su fondo detrás de sus propios compromisos climáticos internacionales. No es el único.

Según los acuerdos internacionales existentes, los compromisos climáticos se basan en las emisiones originadas dentro de las fronteras físicas de cada país. Las emisiones resultantes de las tenencias de activos extranjeros por parte de los países no se contabilizan en el inventario nacional. Por lo tanto, si bien los gobiernos han examinado sus economías en busca de recortes de emisiones, han tendido a dejar al margen los fondos de riqueza de sus países. Como resultado, sólo un fondo soberano, KENFO de Alemania, se ha adherido a la Alianza de Propietarios de Activos con Cero Emisiones Netas, una alianza convocada por las Naciones Unidas que representa unos $6,7 millones de millones en activos bajo gestión y cuenta con 46 fondos de pensiones y compañías de seguros entre sus miembros.

Dado que el enorme fondo soberano de Noruega posee el 1,4% de todas las empresas que cotizan en bolsa, en promedio, el aparente cambio de opinión del país es importante tanto desde el punto de vista simbólico como práctico. El nuevo gobierno noruego está respaldado por la reciente recomendación de Olivier Blanchard, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, y de otras personas que le recomiendan inscribir su fondo soberano en la Alianza Cero Emisiones Netas en la COP26.

Pero Noruega no debería detenerse ahí. En total, los fondos soberanos representan unos $10 millones de millones de dólares en activos bajo gestión, es decir, unas siete veces más que el fondo soberano de Noruega. En su posición como el país con el mayor fondo soberano del mundo, Noruega debería encabezar un esfuerzo diplomático a favor de un desplazamiento mundial de los fondos soberanos con dirección hacia compromisos netos cero en la COP26.

Noruega tiene una orgullosa historia de diplomacia internacional activista. Su servicio exterior, altamente capacitado, ha desempeñado un papel fundamental en la mediación para poner fin a los conflictos armados en todo el mundo. Además, su gestor de fondos soberanos, «Norges Bank Investment Management», es un inversor sofisticado y respetado a nivel mundial. En conjunto, estos atributos sitúan a Noruega en una posición sólida para movilizar a otros dentro de una coalición de fondos soberanos con dirección hacia los objetivos de cero emisiones netas.

Afortunadamente, algunos fondos soberanos ya han demostrado tener ambiciones climáticas florecientes. Noruega puede buscar socios potenciales en países como Francia, Irlanda, Nueva Zelanda, Singapur y los Emiratos Árabes Unidos. Los fondos soberanos de estos países cuentan con sofisticados equipos de inversión que serían perfectamente capaces de poner en práctica los objetivos de emisiones netas cero. Y uno guarda esperanzas de que cuando así lo hagan, los fondos soberanos que se encuentran en una etapa más retrasada con respecto a sus compromisos climáticos, o aquellos que tienen recursos más limitados, se vayan a unir al nuevo consenso mundial.

Como nos recuerda el informe más reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la ventana de oportunidad para evitar un cambio climático catastrófico se está cerrando rápidamente. Y, sin embargo, muchos países siguen sin poder, o no se encuentran dispuestos a hacer los recortes de emisiones necesarios dentro de sus propias fronteras.

Bajo estas condiciones tan tensas, los gobiernos con grandes tenencias de activos extranjeros deberían buscar formas de mitigar el cambio climático no solo dentro de sus fronteras, sino en todos los activos que poseen y en los que pueden influir. En el caso de Noruega y varios países del Golfo, cuyas tenencias de activos de fondos soberanos equivalen a múltiplos del PIB de sus respectivas economías nacionales, los mayores beneficios potenciales para el clima se pueden encontrar en los portafolios de los fondos soberanos.

Los países con fondos soberanos deberían reconocer que ya no es suficiente tener en cuenta el riesgo climático y las oportunidades de inversión relacionadas con el clima. De hecho, los países que solo hacen eso con sus fondos soberanos se están aprovechando esencialmente de la crisis climática sin hacer nada por prevenirla.

Noruega, una estrella en lo que respecta a las negociaciones internacionales de paz, debe aprovechar la oportunidad para liderar un desplazamiento mundial de los fondos soberanos. Hacer lo antedicho establecería a este país como un campeón de la diplomacia y el liderazgo climático a nivel internacional. En el caso de este país que construyó su riqueza bombeando hidrocarburos desde el lecho marino y exportando los mismos junto con sus inseparables emisiones de gases de efecto invernadero, eso es lo correcto.

Las opiniones expresadas en este artículo no representan necesariamente las de la OCDE.

Christiana Figueres: socia fundadora de Global Optimism y es exsecretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Håvard Halland es economista sénior del Centro de Desarrollo de la OCDE. Knut Anton Mork es profesor emérito de Economía en Norwegian University of Science and Technology.

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