Fernando Durán Ayanegui. 8 febrero

“Parece que un ave fénix comienza a resurgir de sus cenizas”, fue la exultante declaración de un cibernauta después de conocer los resultados de las elecciones del 2 de febrero. Nos preguntamos si no se confundió y más bien quiso referirse al cerdo mágico de la mitología nórdica, aquel que en el Valhalla resurge periódicamente del fuego para que las valquirias lo sirvan, una y otra vez, en las comilonas ofrecidas a los héroes muertos en batalla.

No conocemos todos los análisis que se han publicado en los medios tradicionales y en las redes sociales con respecto a esos comicios, pero los que nos han llegado por diversas vías nos permiten constatar que, aun cuando las cifras oficiales del TSE no debieran ser tergiversadas, los cerebros de algunos activistas políticos siguen inventando realidades a su antojo, sin percatarse de que las personas de a pie podemos, si nos lo proponemos, hacer cálculos para evitar que nos agarren de… seres mitológicos reciclables.

Tan solo lo elevado del abstencionismo es suficiente indicación de que, pese a los ingentes esfuerzos publicitarios del TSE, el proceso electoral no fortaleció al sistema democrático y fue un fiasco para todos los partidos políticos inscritos a escala nacional. De estos, el que salió menos vapuleado obtuvo globalmente un número de votos equivalente al 10,3 % del padrón. En la perspectiva de una futura elección presidencial, y haciendo el ajuste para una abstención máxima del 30 %, esto equivaldría al 14,8 % de los posibles votantes, de modo que los cantos de júbilo y resurrección que se han dejado oír en algunas tiendas nos recuerdan el optimismo del personaje humorístico que, después de ver arder su casa, se felicitaba porque los bomberos recuperaron una pieza de baño de entre los escombros.

Resultados tan descorazonadores ponen en duda la conveniencia de haber separado las elecciones generales de las municipales, pero tal vez el frío no está en esas cobijas, sino en los descuidos de los legisladores que propiciaron el cambio. Por ejemplo, el de pasar por alto algo que nuestra experiencia republicana recomendaba: limitar la reelección consecutiva de los alcaldes. Quienes incurrieron en esa omisión no podían ignorar que el caciquismo y el clientelismo tienden a agudizarse en los pequeños feudos.

El autor es químico.