No esperar el Juicio Final en vía a Caldera

En Foro de La Nación del 2 de noviembre, don Wálter Farah dice que los problemas de la carretera a Caldera tienen su pecado original desde 1973, en la administración Figueres, y cita de manera incompleta una frase del artículo del suscrito publicado el 22 de junio: “(') se adoptó la ruta por la margen derecha (...) este pudo haber sido el primer pecado en la aciaga historia de esta ruta”.

Lo que omite don Wálter es la explicación previa de que “al reubicarse el nuevo puerto del Pacífico en Caldera, era evidente que con una nueva carretera conectando Ciudad Colón con Orotina, el nuevo puerto estaría a solo 80 km de San José, apenas una hora”, y al estudiar el trazado por la margen izquierda o la derecha, “con el tiempo se adoptóla ruta por la margen derecha, por terrenos más costosos y de difícil adquisición (')”.

Esa decisión no la tomó la administración Figueres, sino que fue tomada mucho después, como afirmé en otro artículo (LaRepública, enero 2008), titulado: “Carretera a Orotina: una historia de horror”. Ahí dije que aun cuando la opción por margen izquierda parecía más lógica, “en algún momento, años después, se optó por la otra”(la derecha).

Mis razones eran: menor costo de terrenos, ausencia de urbanizaciones o construcciones, tierras casi despobladas, poco utilizadas, oferta de las municipalidades de Mora, Puriscal y Turrubares de ayudar a conseguir los terrenos para derechos de vía, en algunos casos donados.

Resultó profético, porque ha tomado más de veinte años y costado mucho más obtener los terrenos necesarios por la margen derecha (Guácima, Turrúcares, Río Grande, Balsa, Hacienda Vieja).

En cuanto a geología, suelos y topografía, eran similares por una u otra ruta. Siento que don Wálter no haya interpretado bien lo que dije en esas ocasiones, tal vez me faltó mayor claridad. Así, la escogencia de la ruta puede haber afectado la duración o el costo de la obra, pero bien construida no hubiera tenido los problemas que su deficiente ejecución ha causado.

Discusión bizantina. La realidad es que el río Virilla y el río Grande –o cualquier otro— solo tiene dos márgenes, y por una o por otra se tenía que hacer la carretera de 40 km para unir a Ciudad Colón con Orotina, no había otra alternativa. Eso sí, siempre que se hiciera cumpliendo las normas de construcción y de protección ambiental, que es donde falló la concesionaria y se descuidaron las autoridades del Gobierno anterior. Los puentes mayores requeridos eran también similares.

En un caso, se haría sobre el río Grande, al llegar a Orotina; en el otro, sobre el río Virilla, en Brasil de Mora, donde se construyó en definitiva, después de anular el fantasioso avalúo que por más de ¢800 millones se mandó un perito, alegando que ahí se podía extraer piedra, arena y lastre de un tajo.

Por eso, el argumento de don Wálter tiene visos de una discusión bizantina –se dice que Bizancio, sitiada y a punto de caer en manos otomanas, tomaba tiempo para discutir sobre el sexo de los ángeles–. Aquí a veces caemos en la misma tentación'

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