Hugo Solís Sánchez. 11 noviembre

Los diputados han acordado hacer un extensivo estudio del presupuesto destinado a las universidades públicas. Esperemos que tengan una buena asesoría para hacerlo porque, si no, sería lo mismo que un grupo de médicos hiciera un estudio financiero del Saprissa o ciclistas profesionales al pollo frito de la esquina.

Las buenas intenciones en ocasiones no son suficientes para lograr un objetivo; las habilidades correctas son esenciales.

Existen ciertos grupos que creen que la Universidad de Costa Rica (UCR) desperdicia dinero, pero eso depende de la óptica con que se mire. El ranquin Times Higher Education en su tabla de posiciones de universidades selectas únicamente coloca a una universidad de toda Centroamérica: la UCR. Eso significa no solo que la UCR es la mejor de Centroamérica y el Caribe, sino que, a pesar de su juventud, es considerada entre las más prestigiosas del mundo. Claro, usted puede elegir su ranquin de preferencia, pero la constante sigue siendo la misma, la UCR supera por mucho a las otras universidades del país o del resto de la región.

Otro método. Entonces, ahora le propongo a los diputados un ejercicio sencillo de matemáticas: calculen la razón entre la cantidad de fondos invertidos y la calidad de la educación. Claramente podrán ver la alta eficiencia de la inversión de recursos públicos que hace la UCR. Si hiciéramos la analogía con el fútbol, la UCR jugaría en la Champions por el salario de un jugador de Anafa.

En momentos de crisis fiscal, cuando el presupuesto de la UCR no llega a los $600 millones al año y se hace magia para competir en las grandes ligas; cuando donde la Universidad Federal de São Paulo maneja el doble del presupuesto y, aun así, la UCR le maja los talones, ¿no será mejor revisar primero el presupuesto de otras instituciones? Porque revisando el de la UCR podríamos terminar abriendo la caja de Pandora.

La UCR hace muy bien su trabajo. Ese poquito de presupuesto que consume no se equipara con los éxitos que ocurren dentro de ella, con la cantidad de investigaciones y descubrimientos que ahí pasan. Probablemente, es importante convencer al pueblo de por qué estas investigaciones son relevantes para el país, pero tal vez Henning Jensen tenga mejores argumentos, lo único que yo les puedo decir es que desde el país más capitalista al más comunista, del más grande al más pequeño, siguen gastando mayores montos que el nuestro en sus universidades.

Recientemente, en medios de prensa se ha dicho que al país le cuesta ¢6,5 millones al año un estudiante de la UCR, usando un muy mal argumento de dividir el presupuesto asignado entre el número de estudiantes, entonces, ¿la investigación no cuesta dinero? ¿O son los ingleses (usando la misma regla) tan tontos de gastar alrededor de medio millón de dólares por estudiante que va a Oxford? Aun Oxford, Harvard o Stanford obtienen de sus gobiernos una parte importante de su financiamiento.

Lógicas distintas. Pero por supuesto el grupo de médicos dirá: no gasta mucho el Saprissa en medias, no podrá ser mejor que repitan el mismo par de medias cada partido como hacen los simples mortales. O los ciclistas dirán: no gasta mucho el pollo frito en servilletas, no podrá ser mejor que usen servilletas de tela y las laven cada día, como hacen algunos restaurantes. Diría un abuelo, si funciona no lo toque, si el Saprissa sigue ganando partidos y gasta menos que la Liga, es perder el tiempo ponerse a hacer cambios, más si existen otros equipos en quiebra.

Claro, muchos dirán que lo único que este artículo quiere es que siga el despilfarro en la UCR. Bueno, les digo que en la UCR hace falta mucho dinero, pues más de la mitad de los profesores son interinos, lo que representa un salario muy malo para las exigencias y responsabilidades del puesto. En la UCR no hay becas de doctorado y posdoctorado como en el resto de las 1.000 más selectas universidades del mundo (donde les recuerdo, solo la UCR de toda Centroamérica aparece).

Lo único que este artículo pretende es recodar a los diputados que existen prioridades en este país, que hay otras instituciones que sí necesitan su atención, pues no rinden como deberían y hay leyes que urgen ser aprobadas.

¿No será mejor que le dejen el asunto del presupuesto de la UCR a las instituciones fiscalizadoras existentes o será que la Asamblea Legislativa terminará en el canto sin fin de la duplicidad de labores que tanto agobia la competitividad de nuestra querida Costa Rica?

El autor es físico