Jorge Guardia. Hace 2 días

Algunos felicitaron al Banco Central (BCCR) por su decisión de pagar por anticipado el crédito del Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) y, a la vez, comprar $1.000 millones en el mercado para fortalecer sus reservas internacionales netas (RIN). Yo no los puedo acompañar.

No puedo porque nunca concordé con ese préstamo, ni ahora con la supuesta necesidad de fortalecer las RIN, que son muy holgadas. Es un eufemismo. Lo que el BCCR pretende es subir discretamente el tipo de cambio (TC) o, por lo menos, evitar que caiga, como lo ha hecho en el pasado.

El crédito del FLAR se gestó tras el remezón cambiario del 2017, cuando la especulación disparó el TC. El BCCR se asustó y decidió recargar sus carrilleras en el FLAR para no asustar con la vaina vacía. Yo discrepaba. Sabía que el TC de aquel meneón no era de equilibrio ni sostenible y que, tarde o temprano, volvería a su nivel. Lo dije una oscura mañana en Malas compañías, con Ignacio Santos y Armando González. Y así fue. Resultó innecesario enjaranarse y subir el déficit del BCCR.

Hoy, tampoco confío en que el TC responda a los “fundamentales”. Le inquieta su caída e interviene comprando RIN para incentivar a los grupos que claman —siempre lo hacen— por devaluar. Se desdice de la liberalización otrora pregonada y contradice un predicado fundamental de su propia política cambiaria: el TC debe responder a la oferta y demanda que refleja el mercado y solo debe intervenir para evitar “oscilaciones violentas”. ¿Responderá ahora a otro predicado más controversial: exportaciones?

El mercado es excedentario por la menor actividad económica, mejoría en los términos de intercambio, bajas tasas externas de interés y las exportaciones se han mantenido; también, porque la inflación y expectativas cambiarias se aquietaron. Con la reactivación, la demanda de divisas aumentará naturalmente y ajustará el TC. ¿Por qué nadar contra corriente? La compra de divisas expande la liquidez (cosa que ya había hecho al bajar encajes, otra decisión complaciente con los bancos que pudo haber evitado con solo no renovar pasivos con costo, como hizo Olivier). Temo que, después, deba esterilizar liquidez con BEMs para mantener las metas de inflación a un costo mayor de lo redituado por las RIN y afecte el déficit fiscal consolidado. El BCCR tiene un largo historial de subsidiar a terceros con sus pérdidas. Veremos qué pasa con su déficit en futuros programas macroeconómicos.

El autor es abogado y economista.