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El abstencionismo equivale a una Costa Rica sin equidad

Tras ejercer mi primer voto, anhelo que el próximo gobierno expanda sus políticas a la totalidad del territorio

Los resultados electorales del 6 de febrero evidenciaron, una vez más, una Costa Rica que avanza hacia el centro. En las redes sociales se reproduce un discurso según el cual la ciudadanía simplemente no quiso ir a votar y se culpa a las zonas costeras por la falta de participación (el abstencionismo total fue del 40,29%).

Se ignora que entre quienes no ejercieron el sufragio hubo gente que se abstuvo por miedo al contagio, pero, sobre todo, por desmotivación o desesperanza en vista de la exclusión de las zonas costeras.

Guanacaste, Puntarenas y Limón volvieron a demostrar el abandono estatal, el cual comienza a instaurarse como una injustificable normalidad; que demuestra que quienes habitan en la periferia viven una realidad lejana a la del resto del país.

No es que las personas no quieran ir a votar, y tampoco es que las personas no tengan sentimiento electoral. Al contrario, quienes se mantienen al margen de la toma de decisiones suelen ser personas que han sido engañadas en el pasado, que han sufrido por falsas promesas políticas y que ya no encuentran razón para involucrarse.

La falta de participación va de la mano con la desigualdad, donde las oportunidades de empleo y el acceso a la educación son diferentes en las zonas alejadas de la región central del país.

Tras ejercer mi primer voto, anhelo que el próximo gobierno expanda sus políticas a la totalidad del territorio. No se trata de prometer, sino de cumplir, especialmente, enfocándose en las necesidades de cada zona, reconociendo que existen vidas fuera del centro que merecen una mejor atención estatal.

Para la segunda ronda, es necesario que ambos partidos tomen posturas críticas que fortalezcan la participación ciudadana. Es fundamental que quienes disputarán la próxima presidencia se comprometan a cerrar las brechas de desigualdad para detener la separación entre pueblo y gobierno, que cada vez progresa más.

Algunos costarricenses dan por sentado el ejemplo de nuestra democracia en el mundo, pero debemos protegerla y asumir con orgullo nuestro pasado, presente y futuro electoral. La democracia costarricense es un privilegio que debemos cuidar.

La autora es estudiante de Comunicación en la UCR.

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