Alberto Morales Bejarano. 26 noviembre, 2018

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la obesidad es un problema sanitario pandémico y se convierte, como muchos lo denuncian, en un asesino casi invisible. Supera en número de muertes a los homicidios en los países de Latinoamérica.

La oficina regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) muestra que el sobrepeso y la obesidad son responsables de 300.000 decesos cada año en estos países, comparado con 166.000 muertos por asesinatos.

La regulación, para que tenga impacto, debe ser similar a la de la ley contra el consumo de tabaco

Un estado actualizado de la situación lo presenta el Estudio Latinoamericano de Nutrición y Salud (Elans), ejecutado en nuestro país por profesionales en nutrición de la Universidad de Costa Rica (UCR).

El estudio muestra que el 32,6 % de los costarricenses estudiados sufre sobrepeso y el 30,6 % de obesidad (63,2 % si se suman los porcentajes). El trabajo fue publicado en la revista BMC Public Health de enero del 2016.

Entre los 15 y los 19 años, más de la mitad de las personas tienen un peso normal (51,2 %). Del 48,8 % restante una de cada cinco personas (20,7 %) tiene sobrepeso y un 12 % obesidad. Los adultos jóvenes, entre los 20 y 34 años, registran un 30,9 % de sobrepeso y un 23,3 % de obesidad.

En el grupo con edades entre los 35 y los 49 años, el 37 % tiene sobrepeso y el 41,5 %, obesidad. Las personas en el rango de 50 y 65 años arrojan los siguientes porcentajes: el 38,9 % sufre sobrepeso y el 43,4 %, obesidad.

En resumen, en Costa Rica, de los 6 a los 19 años el porcentaje de sobrepeso y obesidad se ubica alrededor del 35 %, sube a un 54 % en personas de 20 a 34 años y continúa aumentando a un 78,5 % entre los 35 y 49 años y es de un 82,3 % a edades de 50 a 65 años.

Consecuencias. En el mismo sentido, la obesidad se relaciona con una patología diversa y compleja: la diabetes tipo 2 (los niños con obesidad tienen cuatro veces más posibilidades de padecerla a los 25 años), hipertensión arterial, depresión, apnea del sueño, elevación de la presión pulmonar, demencia, hígado graso, reflujo gastrointestinal, elevación del colesterol y los triglicéridos, cáncer de esófago, estómago, colón, páncreas, mamas, ovario y riñón, meningioma, incontinencia urinaria, entre muchas otras alteraciones.

Los hábitos alimentarios caracterizados por dietas con alta densidad de energía, particularmente comidas procesadas que contienen elevadas cantidades de azúcar refinada y grasas saturadas y el bajo consumo de fibra y micronutrientes son considerados los principales factores de riesgo de obesidad.

Tales comportamientos son prevenibles. La conducta sedentaria y la inactividad física son también comportamientos evitables asociados con la obesidad, pero la mayor evidencia se relaciona con el tipo de alimentación.

Si queremos librarnos de este serio problema, las acciones deben enfocarse en el cambio de hábitos alimentarios.

Las culpables. Las compañías vendedoras de comidas rápidas (hamburguesas, papas fritas, pollo frito, pizzas, tortillas con carnes y aderezos diversos, entre otros) así como las que expenden bebidas azucaradas y carbonatadas deben ser reguladas.

La regulación, para que tenga impacto, debe ser similar a la de la ley contra el consumo de tabaco, que obligue a un etiquetado vistoso del total de calorías que contiene el alimento y aporte de grasas y sal, y los riesgos para la salud al consumir este tipo de alimentos. También debe prohibirse el uso de personajes animados o promociones.

Las bebidas envasadas con alto contenido de calorías deben ser gravadas con impuestos de alrededor del 18 % al 20 %, estrategia que ha demostrado ser exitosa en diversos países para desincentivar su consumo.

Los productos empaquetados (snacks) han de tener un nuevo sistema para etiquetas, en donde las empresas coloquen distintivos o sellos de color de un tamaño que sea fácilmente visto, donde se indique su alto contenido calórico o de grasas saturadas, azúcares o sales.

Mejor prevenir. En Costa Rica, y directamente relacionado con el sobrepeso y la obesidad, en el 2017, y según datos de la Dirección Actuarial de la CCSS, la institución invirtió ¢123.000 millones solo en atención de enfermedades cardiovasculares, sin contabilizar los gastos adicionales que deben pagar los pacientes y sus familias para el cuidado del enfermo crónico y todo lo colateral que se desencadena.

La Carta de Compromiso para el Abordaje Integral del Sobrepeso y la Obesidad en la Niñez y la Adolescencia Costarricense, liderada por el Ministerio de Salud y firmada recientemente por 11 ministros, es una excelente señal, pues es la primera vez que se plantean acciones interinstitucionales e intersectoriales para una problemática que se origina y afecta a la población joven y a los futuros adultos.

Su impacto dependerá de que se dé una coordinación y ejecución realistas, a cargo de personas idóneas, que pongan por delante el interés superior de la persona menor de edad.

El autor es pediatra.