Editorial

Editorial: Puerta abierta a los nómadas digitales

Estamos a tiempo para competir en la atracción de nómadas digitales. Habría sido mucho mejor llegar temprano, y lo pudimos haber logrado si la reglamentación de la ley no hubiera tardado en sortear los vericuetos de la burocracia. Uno tras otro los borradores fueron rechazados por la industria turística nacional dada la complejidad de los requisitos ideados por sus redactores, mientras otros países apenas exigían lo indispensable. En cada intento, las exigencias reglamentarias propuestas anulaban las buenas intenciones de la ley y hacían de Costa Rica un destino difícil pese a sus extraordinarios atractivos.

Un transitorio asignó al Ejecutivo la emisión del reglamento en los dos meses siguientes a la entrada en vigor de la ley. Todo debió estar listo el 1.° de noviembre, pero la firma del reglamento apenas se hizo ayer. Por fin se logró una normativa apta para competir con países de todo el mundo igualmente interesados en el lucrativo mercado de los nómadas digitales. Se trata de trabajadores y prestadores remotos de servicios, muy bien remunerados y con altísima movilidad. Según el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), gozan de un ingreso anual promedio de $200.000, frente a los $120.000 de un visitante regular.

La oficina la llevan consigo, en sus computadoras portátiles, y mezclan el trabajo con el turismo y la relajación. Sus hábitos de consumo constituyen un excelente negocio para las regiones donde se establecen. Ese aporte, según la estimación de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), llega a $23.000 semestrales por persona en hospedaje, alquileres, turismo, servicios y comercio.

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