Editorial

Editorial: Protestas y represión en Cuba

Las exigencias de jóvenes artistas generaron brotes de solidaridad que confrontan al régimen

Cubans living in Spain demonstrate in support of the San Isidro movement of La Habana in Barcelona, Spain on November 24, 2020. - The San Isidro Movement, a collective of artists, academics and journalists that gained notoriety even beyond borders, has been defying the Cuban government for ten days where a dozen of young artists, holed up in a house and armed with telephones and Internet, are demanding the release of one of their own, whom Havana accuses of being paid by the United States. (Photo by STR / AFP)
Cubans living in Spain demonstrate in support of the San Isidro movement of La Habana in Barcelona, Spain on November 24, 2020. - The San Isidro Movement, a collective of artists, academics and journalists that gained notoriety even beyond borders, has been defying the Cuban government for ten days where a dozen of young artists, holed up in a house and armed with telephones and Internet, are demanding the release of one of their own, whom Havana accuses of being paid by the United States. (Photo by STR / AFP) STR

El 7 de noviembre, luego de increpar enérgicamente a un policía que entró sin autorización en su casa para acosarlo, el rapero Danis Solís fue apresado, juzgado sumariamente y condenado a ocho meses de cárcel por uno de los aberrantes delitos que abundan en el Código Penal cubano: «Irrespeto a la autoridad». Hasta aquí, los hechos siguieron al pie de la letra una de las rutas del cotidiano guion con que la dictadura trata de mantener a raya a la población: actuar con tanta rapidez como arbitrariedad para acallar las voces de protesta y evitar que se multipliquen.

Sin embargo, muy pronto se produjo un «punto de giro», que ha derivado en un serio desafío para la cúpula del poder en la Isla. El momento es particularmente desafiante: forzado por el colapso económico, el régimen se apresta a decretar una unificación del tipo de cambio y otras inevitables decisiones postergadas por años, con un grave impacto inmediato en la población.

Tras su condena, Solís comenzó una huelga de hambre en la cárcel. De inmediato fue seguido por 14 miembros del Movimiento San Isidro, colectivo de artistas independientes al cual él pertenece. El 26, fuerzas de seguridad, presentándose como personal de Salud, asaltaron la sede, en el barrio habanero del mismo nombre, con el pretexto de que los huelguistas estaban violando los protocolos contra la covid-19. Durante un apagón digital de casi una hora, fueron capturados y enviados a estaciones de Policía. A partir de entonces los giros han sido más rápidos y profundos.

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