Editorial

Editorial: Ejemplos de avances y retos

El establecimiento de un radar espacial en el país revela nuestro avance en la economía del conocimiento.

La próxima incorporación de Costa Rica a una red de radares para detectar escombros espaciales es un paso más en el desarrollo de nuestra industria aeronáutica, incipiente, pero con un amplio horizonte. Además, es una estimulante señal del potencial que tiene nuestro país para hacer del conocimiento aplicado una palanca de crecimiento, tanto como un recordatorio de los retos que debemos superar.

La construcción y operación del radar en Guanacaste, previstas para principios del próximo año, se origina en una alianza entre las empresas Ad Astra Rocket, dirigida por Franklin Chang, y la estadounidense LeoLab, que ya ofrece ese tipo de servicios desde Alaska, Texas y Nueva Zelanda. Es, además, la culminación de un proceso de coordinación con las autoridades nacionales, gracias al cual se logró avanzar con relativa celeridad en la iniciativa. Una vez que esté en operación se añadirá a un pequeño, pero entusiasta conglomerado —o clúster— de compañías aeronáuticas, la mayoría emprendimientos locales, dedicadas a distintas facetas de esa industria.

Nuestro avance por la ruta de la “economía del conocimiento” tiene varios años, y no ha perdido su impulso, a pesar del enorme impacto socioeconómico de la covid-19 en otras áreas, en particular el turismo y el comercio. Es algo de lo que todos debemos tomar nota para esforzarnos cada vez más en incorporar la ciencia, la tecnología y la innovación en la mayor cantidad de procesos productivos, incluidos aquellos de base local, y desarrollar así más valor y capacidad competitiva.

Por ejemplo, en días recientes, la multinacional de infotecnologías IBM reveló que comenzará a ofrecer servicios de “plataforma de gestión multinube” desde su centro en Costa Rica. Esto implicará, además de nuevos avances en la sofisticación de su oferta, el aumento en contrataciones de personal especializado. La compañía costarricense OMNI, que ha tenido gran éxito en el desarrollo de aplicaciones para teléfonos móviles, anunció que añadirá 300 puestos a su planilla de 2.500 colaboradores debido al incremento del uso de sus plataformas. De menor nivel tecnológico, pero vinculada a las redes globales de servicios a clientes, Teleperformance, otra empresa multinacional, abrió 335 plazas. Otras dos, Tex Experts y DHL, generarán 170 y 23, respectivamente.

Estos ejemplos debemos tomarlos como resultado de buenas políticas desarrolladas a lo largo de muchos años, pero también son señalamientos sobre lo mucho que aún debemos mejorar para que el potencial mencionado dé cada vez mayores frutos.

Existen, por lo menos, dos retos de enorme magnitud. El primero es impulsar con ahínco la educación y capacitación que desarrollen el talento humano necesario, capaz de generar y también de beneficiarse de las nuevas oportunidades. Urge avanzar en la reforma de la ley del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) para hacerlo más ágil y relevante, pero también todas nuestras instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas, deben aumentar y mejorar su oferta en carreras de base científica y tecnológica. Nuestro ingreso pleno a la llamada cuarta revolución industrial no ocurrirá por arte de magia, sino como resultado de un esfuerzo persistente y dirigido estratégicamente.

Lo anterior nos lleva al segundo gran reto: romper la tan conocida “dualidad” de nuestra economía, con un sector altamente dinámico y productivo, vinculado a las cadenas globales de valor, y otro, esencialmente de base local, que se ha quedado a la zaga. Cómo vincular mejor ambas caras de nuestra misma moneda económica y cómo hacer que la segunda brille tanto como la primera, no solo depende de mejor educación y capacitación, sino también de una reingeniería total de la institucionalidad y los procesos vinculados con ella. Nos referimos, entre otras instancias, a los ministerios de Agricultura y al de Economía, Industria y Comercio, pero también a las mejoras en infraestructura, la promoción de la competencia interna, la ruptura de monopolios virtuales y la reducción y más eficiencia en los trámites.

Hoy, sin duda, la pandemia nos plantea retos urgentes, casi de vida o muerte. Pero su atención no debe ni sumirnos en el fatalismo, porque los ejemplos señalados indican que podemos seguir avanzando, ni hacernos olvidar enormes desafíos estructurales que debemos superar con la mayor rapidez y solidez posibles.