Editorial

Editorial: Deudas con la salud mental

La pandemia es un recordatorio de las cuentas pendientes con una necesidad cada vez más apremiante, haya emergencia sanitaria o no: la salud mental.

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La pandemia enfatizó las carencias del país en diversos campos. En algunos casos las reveló y, en otros, destacó la trascendencia de debilidades conocidas, pero aceptadas desde hace décadas. Ningún experto en el campo de la salud mental está satisfecho con los recursos destinados a atenderla y cuando se conversa sobre el asunto muchos recurren a la comparación de la especialidad con la Cenicienta del cuento infantil.

En cambio, nadie niega la repercusión de fortalecer los servicios de salud mental y su creciente preponderancia en sociedades en rápido proceso de envejecimiento, como la nuestra. Durante la pandemia, los profesionales disponibles se vieron obligados a intensificar esfuerzos, fijar prioridades y posponer los casos menos urgentes, y el Colegio de Psicólogos organizó equipos de voluntarios para atender miles de llamadas.

Marta Vindas, coordinadora nacional de Psicología de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), afirma que la institución debió reorganizar sus servicios para dar abasto a la demanda y, lamentablemente, debieron «priorizar también por diagnósticos» para brindar ayuda a las emergencias más serias, necesitadas de atención inmediata.

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