Editorial

Editorial: ‘Democratización’ de la publicidad estatal

Si los presupuestos aprobados para permitir al Estado una comunicación eficaz se invierten con otro propósito, no importa cuán noble en apariencia, habría una clara desviación

Si los presupuestos aprobados para permitir al Estado una comunicación eficaz se invierten con otro propósito, no importa cuán noble en apariencia, habría una clara desviación.
Diseño conceptual sobre publicidad.

El presidente Rodrigo Chaves ordenó a la agencia de publicidad del Sistema Nacional de Radio y Televisión “optimizar el uso de los recursos públicos que se dedican a la comunicación del Estado”. “Lo que nosotros llamamos democratizar la pauta”, afirmó. El uso de la palabra “democratizar” tiene connotaciones positivas capaces de nublar la vista, pero, pasada la primera impresión, la insalvable contradicción de la frase se hace obvia.

Desentrañar los verdaderos propósitos y consecuencias de la instrucción exige mayor detenimiento, pero su formulación es, prima facie, contradictoria. La única forma de “optimizar el uso de los recursos públicos que se dedican a la comunicación del Estado” es invertirlos con criterios de eficacia comunicativa.

Entre esos criterios, bien desarrollados por los estudiosos de la publicidad, no se incluye la “democratización”, un concepto tan ambiguo que nada aporta a la buena inversión de los recursos públicos dedicados a la comunicación del Estado y más bien podría servir para entronizar la arbitrariedad. Es difícil imaginar a un publicista disponiendo de la pauta de un cliente para contribuir a la “democratización” de los medios y es más difícil todavía imaginar a un cliente dispuesto a aceptarlo.

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