Columnistas

Rubén Darío: la música de las palabras

Darío conoció tanto el éxtasis como la agonía, el aire enrarecido de las cimas como el abrasador clima de la miseria y la degradación

En diversas oportunidades he dicho que si la política es mi profesión, el arte es mi verdadera pasión. Dentro de esa maravillosa comarca de la belleza, la poesía ha ocupado en mi vida un sitio preponderante.

Rubén Darío fue mi Virgilio, mi baquiano en esta exploración de la belleza literaria. De su mano subí las gradas que me llevaron hacia la plenitud poética. Él fue mi iniciador, mi lazarillo a través de esa portentosa aventura lingüística que es la poesía. La música de las palabras, el sortilegio de las sonoridades, la hipnosis de las letanías.

Mi padre abrió esa amplia vía que a lomos de Darío me permitió el acceso al misterio sacro de la poesía. Él declamaba los más célebres poemas de Darío… Ahora mismo escucho su voz musical, ritmada, cadenciosa y un tanto melancólica. A mi padre debo el primer contacto con Rubén Darío. Esa es una razón más para venerar su memoria por el resto de mis días.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌