Eduardo Ulibarri. 21 marzo

La felicidad no es alegría. Esta puede ser parte de ella, pero la felicidad es mucho más: una gemela del bienestar o, quizá, la plenitud. Esta es la visión de los investigadores que, desde el 2012, producen el Reporte Mundial de Felicidad. En el de este año, Costa Rica destacó, de nuevo, como el país más feliz de América Latina y el Caribe. En el hemisferio, solo Canadá nos supera; en el mundo, ocupamos el lugar número 12 entre 156, inmediatamente debajo de Australia y encima de Israel, Luxemburgo y el Reino Unido.

Para muchos puede sonar inverosímil, quizá con razón. Descontemos qué dirán los jinetes del apocalipsis nacional y hagámonos una pregunta razonable: ¿Cómo explicar tal resultado tras unas riesgosas elecciones, una huelga de 89 días, la crisis fiscal, el alto desempleo y la desaceleración económica?

La clave está en el bienestar de la población, que el reporte ausculta mediante múltiples indicadores y percepciones, agrupados en seis categorías: solidaridad y apoyo social, esperanza de vida saludable, libertad, generosidad, ingreso personal y sensación de corrupción. Las dos últimas variables son más coyunturales; las cuatro primeras tienen largo aliento y hondas raíces. Su naturaleza es resultado de tendencias, actitudes y decisiones que se acumulan y transforman, con lentitud y estabilidad, en condiciones de vida.

Un escándalo de corrupción nos puede afectar o indignar; un debate incendiario, marcarnos; una carta de despido o el fracaso en una entrevista laboral, abatirnos o desesperarnos. Con razón. Pero nuestro entorno de redes personales, apoyos públicos y privados, ejercicio de libertades, acceso a la salud, oportunidades de educación, sentido de igualdad e integridad cívica crean estados más profundos y determinantes para el bienestar.

El primero de estos reportes se divulgó en una conferencia especial de las Naciones Unidas, titulada “Bienestar y felicidad: hacia la definición de un nuevo paradigma económico”. No por casualidad, Laura Chinchilla, entonces presidenta, fue la oradora principal. Muchos, aquí, reaccionaron con sorna. Se equivocaron: cada nueva edición mejora y afina metodologías y nos acerca a un modelo analítico más robusto para mejorar políticas públicas y dinámicas socioeconómicas. La felicidad es algo serio.

El autor es periodista.