Jorge Woodbridge. 8 abril

Todo costarricense debe ser solidario y apoyar a los trabajadores de la salud por su esfuerzo y sacrificio.

Hoy, como nunca antes, debe prevalecer la unidad social para contener la pandemia. La indiferencia es injusta cuando se sabe de muchos costarricenses sin trabajo o en condición vulnerable.

Después de la pandemia, no será posible pagar pensiones de lujo ni salarios superiores al del presidente, excepto las instituciones en competencia.

Ser solidario es dar protección, colaboración y apoyo a quienes más lo necesitan. El 65 % de los costarricenses registran algún grado de afectación a causa de la covid-19, pero los más perjudicados son 1,2 millones en pobreza, especialmente los 93.000 que sufren pobreza extrema.

La crisis trae consigo la informalidad y el desempleo en forma acelerada, por lo cual los programas de ayudas sociales necesitan fortalecerse, principalmente aquellos destinados a los adultos mayores de escasos recursos, doblemente vulnerables: por su situación económica y por encontrarse en el grupo de más peligro en caso de contagio.

La economía global se encamina hacia una recesión. El mundo se paralizó para hacer frente al virus. Cierran fábricas, comercios, centros educativos, parques, hoteles, aeropuertos, estadios y gimnasios, excepto actividades de primera necesidad.

Es difícil imaginar el drama humano por los fallecidos diariamente. El SARS-CoV-2 dejará una factura humana, social y económica jamás imaginada.

Los motores. Estados Unidos deberá lidiar con un desempleo por encima del 20 % en el primer semestre y un decrecimiento a fin de año entre un 3,2 % y un 4 %.

Para el 2021, se prevé volver a tasas de crecimiento de un 1,5 % y un 2 %. El gobierno, el Congreso, el Senado y la Reserva Federal aprobaron un paquete de ¢2 millones de millones ($2 trillion), superior al aporte durante la crisis del 2008, con el agravante de que la deuda del Gobierno Federal es del 109 %.

La desaceleración del principal socio comercial del país será un fuerte golpe en cuanto a inversión y llegada de turistas, lo cual hará más larga la recuperación de Costa Rica.

Volver a estabilizar la economía y el empleo en Europa, por ejemplo, requerirá muchos años de sacrificio. De hecho, los países del Viejo Continente están negociando diferentes propuestas para combatir la crisis.

La capacidad de reacción de China, Corea del Sur, Taiwán y Japón para contener la propagación de la enfermedad del coronavirus posiblemente se repita en la labor de levantar sus economías.

A Latinoamérica le costará más. Basta con ver cómo Brasil, México y Argentina, los países más fuertes por el tamaño de su economía y población, no están tomando las decisiones correctas para enfrentar la pandemia.

Costa Rica no es la excepción. Las empresas privadas tomaron decisiones dolorosas para sobrevivir. La incertidumbre por la caída de sus ingresos, los problemas de liquidez, la imposibilidad de pagos, problemas con proveedores y logística les han exigido contraer la inversión y el gasto. De paso, al gobierno le ingresarán menos impuestos.

El sector turístico se contrajo al cerrarse el ingreso de visitantes extranjeros y a la política de aislamiento. Empresas dedicadas a alojamiento, gastronomía, bebidas, transporte, arte, viajes, agricultura, alquiler de vehículos y comercio están heridas de gravedad.

El turismo genera $4.000 millones al año y 225.000 empleos directos y 400.000 empleos indirectos. El comercio está también en un situación financiera complicada al detenerse la movilización de personas y perderse el poder adquisitivo del 65 % de los consumidores. El sector industrial que suple la demanda interna es el más perjudicado a causa de los exorbitantes costos operativos.

El sector inmobiliario es otra actividad sacudida debido a la incertidumbre sobre cuándo se reactivará la demanda. La construcción podría percibir una mejora si el gobierno aumenta la inversión en infraestructura.

Prudencia. El gobierno cuenta con préstamos por $1.800 millones inicialmente para atender la crisis y poner al país a crecer y generar empleo. Sin embargo, la pandemia exigirá recursos y prudencia.

No es viable acelerar la demanda interna con más gasto en el empleo público. Este año el déficit crecerá entre un 8 % y un 9 % y la deuda del gobierno, entre un 65 % y un 70 %. Lo inteligente es recurrir a créditos a muy bajo costo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para no presionar los intereses en el mercado interno.

Es predecible que la producción nacional caiga entre un 6 % y un 6,5 % este año, pero si el gobierno es disciplinado fiscalmente logrará volver a crecer en el 2021.

La administración, aparte de medidas monetarias, posposición de pagos, apoyo bancario y otras más, debe revisar cuidadosamente la eficiencia, tamaño y el costo del Estado.

Durante la crisis, todos deben poner una cuota de sacrificio. Hay que aprobar la ley de empleo público porque se requiere austeridad y solidaridad con urgencia. Es imposible seguir dando las millonarias prebendas que los sindicatos recibían en el pasado.

Después de la pandemia, no será posible pagar pensiones de lujo ni salarios superiores al del presidente, excepto las instituciones en competencia.

El país se hundirá si el gobierno sigue la histórica fiesta de gastos en el sector público.

El autor es ingeniero.