Columnistas

Página quince: Un frágil hilo de concertación

Nunca un gobierno más endeble se vio obligado a enfrentar tareas tan descomunales.

Velia Govaere
Velia Govaere

Desde Chile tañen las campanas, pero nuestra realidad es otra. Ese consuelo impenitente es de alto riesgo porque minimiza los peligros latentes en nuestras propias raíces de insostenibilidad: agotamiento fiscal, persistencia de pobreza, extrema fragilidad del empleo, chocante desigualdad de ingresos, brechas territoriales, baja calidad educativa, desaceleración económica e insatisfactorio funcionamiento de las instituciones del Estado.

“No supimos entender el clamor subterráneo(…) por una sociedad más justa”, dijo Sebastián Piñera, en Chile. ¡Cuidado! No somos tan diferentes. Tampoco nosotros sabemos leer las nubes de insatisfacción que se dibujan en el horizonte. Poco consuela amanecer bajo cielos serenos. Igual, las tormentas sociales llegan sin previo aviso.

La primera campanada fue el propio resultado de las elecciones pasadas, expresión disruptiva de inconformidad con el statu quo político y confirmación de procesos subyacentes de malaise. Fue así como el gobierno de Carlos Alvarado se vio marcado por una paradoja aparentemente insoluble: la necesidad de golpes de timón, sin fuerza política para darlos.

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