José Joaquín Chaverri. 31 mayo

La seguridad social es el valor solidario más importante de nuestro sistema de salud. Nunca debe ser utilizada para quitarle la vida a una persona por medio de la eutanasia.

La atención contra el dolor ha experimentado un gran avance en la medicina costarricense. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha construido modernos edificios, como el hospital Calderón Guardia, para tratar el dolor. Sabemos de lo positivo que hace posible la Caja en estos tratamientos. Pero su razón de ser es el respeto por la vida en todo momento.

Para agregar, el Ministerio de Salud puso en marcha la distribución de la píldora del día después, la cual posee efectos claramente abortivos. La pastilla fue rechazada hace algunos años por la misma institución.

Junto con estas dos iniciativas está también la propuesta del aborto, por medio de un decreto innecesario, como varios médicos lo han manifestado. Existe confusión: ¿Se quiere respetar la vida humana desde la concepción hasta la muerte? ¿Estará tratando alguien de perforar los derechos humanos?

¿Cuál es la razón de tantas iniciativas contra la vida humana si el objetivo nacional siempre ha sido el respeto en un país en donde nadie sobra y todos son bienvenidos?

Los datos científicos son claros en lo referente a las consecuencias preocupantes que produce la pastilla del día siguiente y su efecto abortivo. Veamos algunas referencias científicas que aportan opiniones sobre ello.

Criterios en contra de la píldora. En el trabajo de Justo Aznar y Julio Tudela, publicado en la revista indexada The Linacre Quarterly, se afirma que en más del 80 % de las veces el Levonorgestrel impide el embarazo interfiriendo en el proceso de implantación del embrión en el útero, es decir, terminando con la vida del no nato, por lo cual debe considerarse abortiva.

Louis S. Goodman y Alfred Gilman, en su libro Las bases farmacológicas de la terapéutica, sostienen que esas píldoras, además de alterar el endometrio, haciendo que no sea receptivo para que el embrión se implante, altera el transporte tubárico y, por ende, impide también la implantación.

Remington, en su obra Anticonceptivos hormonales: efectos tubáricos, dice: “En algunas especies los progestágenos y en otros los estrógenos, aceleran el transporte ciliar y peristáltico del óvulo en las trompas de Falopio y aumentan las secreciones. En consecuencia, el óvulo llega al útero antes de que el endometrio esté preparado para la implantación”.

Asimismo, Smith y Reynard, se refieren al “mecanismo de acción” de estas píldoras luego de describir los mecanismos anticonceptivos, y sostienen que el componente progestágeno altera el desarrollo normal del endometrio y lo torna hostil para la implantación.

Flórez y Amado, en el artículo “Estrógenos y progestágenos, mecanismo de acción”, publicado en el libro Farmacología humana, opinan que “el desequilibrio hormonal provocado por el anticonceptivo altera el endometrio, en el que ocasiona atrofia glandular y reacción pseudotemporal de la estroma, que impiden la anidación del blastocisto, y modifica la motilidad de las trompas (…). Los anticonceptivos orales que solo contienen gestágenos presentan un mecanismo de acción más complejo (…). En general, predomina la profunda modificación que ejercen tanto en el endometrio al que atrofian impidiendo la anidación del óvulo si es fecundado”.

Más argumentos. Calaf y Espinós, en Fertilidad y esterilidad humanas, manifiestan que “el mecanismo de acción se basa en crear un endometrio involutivo y atrófico y un moco cervical hostil”.

Meirovich y Montrull, en Farmacología clínica aseguran que “si la ovulación no se previniere, estos agentes pueden interferir con la implantación, por sus acciones directas sobre el endometrio, tanto en las trompas como en el cuello uterino, pues el moco espeso y adherente, secretado bajo la influencia progestacional, es un medio hostil”.

Es la hora de llamar al respeto por la vida y de revisar los informes científicos que los mismos farmacéuticos y médicos han presentado.

El autor es diplomático.