Columnistas

No creer en brujas

No parece que en el cosmos haya lugar para los alienígenas

Prefiero, de los autores de ciencia ficción, a los que no exageran la inteligencia de los seres extraterrestres, sino que aprovechan su propio talento para elaborar alegorías como las de los cuentos de hadas y las fábulas que leí en mi niñez.

A juzgar por los abundantes testimonios seudocientíficos que se nos ofrecen en la actualidad, no hay obra ni descubrimiento humano que no sea resultado de la benévola injerencia de civilizaciones intergalácticas que vinieron a paliar nuestras limitaciones genéticas, sobre todo cuando se trata de los logros de las civilizaciones terrestres que sucumbirían bajo el embate del colonialismo europeo.

Varias religiones sostienen que el Dios único creó nuestra especie a «su imagen y semejanza». Por ello, en mi juventud, me gustaba incordiar, enfrentándolos a su propia contradicción, a algunos monoteístas que también creían en las visitas de los alienígenas. Mi provocación inicial se aproximaba a la que Ray Bradbury esbozó en sus Crónicas marcianas: ¿Somos los únicos seres inteligentes del universo hechos a imagen del Ser Supremo, o existe la posibilidad de que los tripulantes de alguna de las naves intergalácticas, que, según se afirma, surcan día y noche nuestra atmósfera, nos superen en la competencia por ser los más semejantes a Dios?

Hay incluso quienes opinan que los pulpos aparecieron cuando una nave intergaláctica visitante sufrió un desperfecto que la inutilizó para el regreso y confinó a sus tripulantes en los océanos de la tierra. Es una hipótesis estrafalaria, pero si prestamos oído a las historias de encuentros entre seres humanos y especímenes inteligentes provenientes de otras regiones del universo, no debe provocarnos vértigo.

Si la validez del libro del Génesis es universal, tendremos entre manos un serio problema cuando nos visiten seres extraterrestres, cuya morfología no sea humanoide: ¿Cómo los convenceremos de que solo nosotros somos teomórficos? Si los visitantes fueran pulpos que regresan a rescatar a los descendientes de sus congéneres, ¿les advertiremos que ellos no fueron creados a imagen y semejanza del Ser Supremo porque este solo tiene cuatro extremidades? ¿Qué pasaría si ellos aportaran pruebas de que en su libro del Génesis la historia es diferente?

No parece que en el cosmos haya lugar para los alienígenas.

duranayanegui@gmail.com

El autor es químico.