Columnistas

La catedral del dolor

Respirar es un milagro, un prodigio, un privilegio, una bendición que, de puro consuetudinaria, hemos terminado por banalizar

Paso frente al Hospital México. Al bus le tomará diez segundos recorrer el tramo de autopista que corre paralela a la fachada del edificio. Pero mi mente consumirá varias horas digiriendo las imágenes que la vista del nosocomio suscita en mí. Es la mitad de la alta noche. Noche negra, sin luna y sin estrellas. La «noche oscura del alma» (san Juan de la Cruz).








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