Columnistas

Frente a la incertidumbre, flexibilidad y recuperar el rumbo

En la práctica, muchas de las características de la Constitución y la ley quedan por fuera, o no se utilizan en muchos de los Planes Nacionales de Desarrollo

En el artículo de ayer, esbocé las incertidumbres que nos rodean, el marco normativo del Programa Nacional de Desarrollo (PND) y formulé dos preguntas que apuntan a lo mismo. ¿Convendrá preparar un PND como es usual, es decir, un libro cerrado que recopila, en el mejor de los casos, aspiraciones y acciones con sus respectivos objetivos? ¿O debería el país intentar crear un instrumento dinámico que sirva para definir, medir, mejorar, evitar la degradación y articular el esfuerzo de las instituciones públicas, y orientar y dar confianza a los privados? Parafraseando a W. Kelvin.

Recurro a una consideración reciente de Johnny Meoño con citas de leyes sobre los límites y las atribuciones del presidente de la República: no puede dar órdenes a una junta directiva; debe emitir las directrices mediante el ministro del ramo y pedir ambos al Consejo de Gobierno la destitución si la junta las incumple.

Pero puede dirimir conflictos de competencia entre un ministerio y entes, o entre estos. También, el presidente, junto con cada ministro, tiene que responder por el desempeño y los resultados de los entes de cada sector. La palabra clave que rescato es directrices.

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