Columnistas

En guardia: ¿Renuncia voluntaria o separación inducida?

Edna Camacho y Rodolfo Piza, cuando vieron la restauración de la filosofía PAC, se curaron en salud y se fueron. Le tocaba a Rocío.

¿Renuncia voluntaria o separación inducida? Es la cuestión que deambula en el ambiente. He oído muchas respuestas, incluida la de la propia exministra, pero ninguna me satisface. Hay que hallar la verdadera razón para clarificar de dónde vienen y hacia dónde van las finanzas públicas.

La coincidencia entre la capitulación del gobierno ante los rectores y la sanción de la Contraloría pareciera más que casualidad. La pena se veía venir. Era inexorable (dura lex, sed lex), pero, a mi juicio, no fue la razón principal. Ya el país la había perdonado y el presidente pudo haberlo hecho también. Hay otras causas más profundas. La conducta de Alvarado y su ministro de la Presidencia a las presiones —débil, complaciente, repetitiva— fue la gota que rebosó la copa. Ante tantas afrentas, noblesse oblige. Yo habría hecho lo mismo.

Otra razón poderosa, anticipada cuando escribí mi “Flor de un día” sobre el presupuesto del 2020 (“Ringleras presupuestarias”), es que una rigurosa disciplina fiscal agota personal y políticamente. Afloran voces contrarias a la austeridad. Luchar contra los privilegios es una tarea titánica a la que pocos ministros sobreviven, sobre todo en un mar picado si el capitán legitima los motines.

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