Columnistas

El trágico ‘déjà vu’ afgano

La naturaleza radicalmente sectaria del talibán hace en extremo difícil todo asomo de pragmatismo

(ISAIAH CAMPBELL/AFP)

Tras 20 años de entrar en movimiento, la rueda de la intervención militar estadounidense en Afganistán regresó a su punto de origen: los talibanes al mando del poder central. La gran pregunta es si esta vuelta total, mediada por enormes pérdidas humanas y materiales y el colapso de un gobierno inepto (lo peor), pero también del disfrute de derechos hasta entonces ausentes (lo mejor), implicará un regreso completo al «statu quo» previo. Me refiero a la reinstauración de un régimen oscurantista, cruel, primitivo, dogmático y misógino, que además se convierta en santuario para grupos terroristas islámicos, llámense Al Qaeda o como quieran.

Este es uno de los polos en la escala de lo probable. En el otro se perfila la esperanza de que una presunta «madurez», combinada con las realidades de gobierno, la carencia de cuadros técnicos y la necesidad de acuerdos intertribales para mantener cierto control territorial, induzca a los talibanes a cierta moderación.

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