Columnistas

El privilegio de la lectura

Las probabilidades de que un niño en pobreza no tenga libros en su hogar es mucho más alta que la de uno del quintil de mayores ingresos

“Abi, ¿por qué esta cama tiene tantas páginas?”. Esta cándida pregunta de mi nieto, una noche que se quedó a dormir en mi casa y aparentemente me excedí en la cantidad de capas con que lo cobijé, me ofreció la mejor imagen de una vida aventajada.

A diferencia de millones de niños, mi nieto duerme caliente, cómodo, con la pancita llena y sin temor a que una bomba o una riada destruyan su casa.

Pero lo que quiero resaltar en estas líneas es que solo un niño que ha tenido un libro entre sus manos podría usar esa extraordinaria y preciosa metáfora —probablemente inconsciente, lo que es aún más revelador—.

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