Juan Carlos Hidalgo. 9 agosto, 2020

Según Andrés Oppenheimer, el 76 % de las empresas de EE. UU. con fábricas en China decidieron o están pensando trasladar parte de sus operaciones a otros países para diversificar sus cadenas de producción.

Washington, incluso, lanzó el plan Regreso a las Américas con el fin de incentivar la reubicación en el hemisferio hasta de $50.000 millones de inversión estadounidense en Asia. El país debe apostar por el nearshoring, pero eso implica reformas estructurales de gran calado.

La clave de la estrategia es potenciar la productividad de la mano de obra, de la cual depende, en última instancia, el desarrollo económico de un país.

Para ello, es preciso repasar los resultados de un estudio reciente de Gloriana Ivankovich y Josué Martínez, publicado por la Academia de Centroamérica, que encontró que la productividad laboral aumentó a un buen ritmo en el período 2008-2018, y superó incluso el promedio anual de la OCDE.

La mala noticia es que la productividad es casi tres veces inferior al promedio de dicho club y a este paso nos tomaría aproximadamente cuatro décadas alcanzarlos. Si queremos reducir dicho lapso a 20 años, debemos duplicar la tasa de crecimiento anual que hemos tenido en la última década.

Según los autores, para lograr la meta se requiere atraer más inversión extranjera directa, potenciar la innovación y desarrollo, transformar el sistema educativo, profundizar la apertura comercial, promover la competencia en los mercados internos, reducir la informalidad, flexibilizar el mercado laboral y mejorar infraestructura y comunicaciones.

Ivankovich y Martínez resaltan el impacto negativo que tienen ciertas políticas proteccionistas en la productividad agrícola.

Todo esto va en la línea de las reformas estructurales que señalé en las pasadas seis columnas sobre cómo hacer de todo el país una zona franca.

La noticia de que el desempleo llegó al 24 % debe servir para que aterricemos la magnitud de la crisis. El “nadadito de perro” que nos ha caracterizado por tanto tiempo no nos alcanzará ni siquiera para regresar al precario statu quo ante, mucho menos para dar el salto al desarrollo al que deberíamos aspirar.