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¿Un domingo sin plata?, vamos a ver aviones al Santamaría

El premio a la asoleada y el ventolero es poder escuchar las turbinas donde se acercan al suelo y esos gigantes de acero se posan en la pista del Juan Santamaría. Foto: Francisco Barrantes.
El premio a la asoleada y el ventolero es poder escuchar las turbinas donde se acercan al suelo y esos gigantes de acero se posan en la pista del Juan Santamaría. Foto: Francisco Barrantes.
El premio a la asoleada y el ventolero es poder escuchar las turbinas donde se acercan al suelo y esos gigantes de acero se posan en la pista del Juan Santamaría. Foto: Francisco Barrantes. El premio a la asoleada y el ventolero es poder escuchar las turbinas donde se acercan al suelo y esos gigantes de acero se posan en la pista del Juan Santamaría. Foto: Francisco Barrantes.

Poco a poco se alejan las lluvias del Valle Central, los cielos azules y despejados y ese hielito que corre por las tardes avizoran que se acerca Navidad. Son los días perfectos, en especial los fines de semana, para recordar la vieja costumbre del tico de pegarse a la malla del Santamaría a ver aviones despegar.

La principal terminal aérea costarricense sigue expandiéndose con el paso de los años y las calles se ensancharon a su alrededor, pero nada ha detenido esa tradición costarricense de llevarse a los chiquillos a los potreros más cercanos a ver gigantes de acero despegar y aterrizar y este domingo no fue la excepción.

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