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Crónica de mi primer viaje a Cartago en los trenes nuevos

Una curva algo incómoda al inicio del recorrido en San José, una escalada superrápida en Ochomogo y un apagón de motores en una de las paradas marcaron la entrada en funcionamiento de las unidades compradas en China

Los trenes nuevos encendieron los motores y salieron rumbo a la Vieja Metrópoli a las 6:30 p. m. de este lunes, desde la estación al Atlántico, en San José.

“Bienvenidos al servicio de tren de la ruta San José-Cartago. Tiempo estimado de viaje 50 minutos”, escuchamos anunciar quienes ya estábamos a bordo.

Ocultando una sonrisa detrás de sus mascarillas, varios pasajeros se volvieron a ver con evidentes signos de aprobación.

Este sistema de notificación con pantallas led y parlantes llamó la atención de los usuarios del servicio inaugural del nuevo tren del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer).

Enlazada mediante una plataforma de geolocalización (GPS), la pantalla ubicada en la parte superior del vagón está diseñada para mostrar el avance del recorrido.

“Estamos haciendo historia”, le alardeaba doña Ana Mayela Quesada a Justin Pérez, uno de los trabajadores de Incofer.

A penas saliendo de la estación al Atlántico, las unidades enfrentaron su primera curva. Hubo mucha expectativa por el movimiento de los vagones.

— ¿Es normal que se muevan así?, preguntó una pasajera.

— Sí, es normal que se muevan así. En especial cuando hay curvas. Respondió una boletera de Incofer.

Los pasajeros hablaban entre sí sobre las vías férreas y se cuestionaban si las líneas estaban preparadas para soportar las máquinas nuevas. A decir verdad, yo también me lo pregunté.

“Ojalá no nos descarrilemos”, comentó entre risas uno de los pasajeros.

Superada la primera curva, el resto del recorrido fue bastante tranquilo y placentero. Tanto así que no me enteré cuando las máquinas comenzaron a subir el cerro de Ochomogo.

“Aquí ya estamos en Recope”, expresó uno de los periodistas que hizo el viaje conmigo. Para mí fue una sorpresa, pues los trenes nunca se sintieron forzados.

Otra de las cosas que noté de inmediato es que el ruido de los motores es muchísimo menor en comparación con el de las locomotoras en que he viajado a Heredia.

Por supuesto, tampoco se aprecia humo. Según Incofer, estas máquinas emiten un 90% menos de dióxido de carbono con respecto a las otras.

Aunque las unidades salieron casi vacías de la estación al Atlántico —algo impensado antes de la pandemia— , los asientos comenzaron a llenarse en las siguientes paradas.

Luego de pasar por las universidades, en San Pedro de Montes de Oca, y Curridabat, los trenes viajaban casi a su capacidad máxima de pasajeros sentados: tienen 74 asientos.

En una de las estaciones, se apagaron los motores. La gente se quedó viendo con expectativa, mientras que un ingeniero chino atravesó rápido los pasillos hacia el área de máquinas.

Pocos segundos después, los trenes se encendieron de nuevo para terminar el viaje sin problemas en la estación central de Cartago, en poco menos de 50 minutos.

“Hay que cuidar mucho estos trenes”, “debería haber más horarios”, “voy a usar más el servicio”, logré escuchar entre los comentarios de los pasajeros.

El servicio acorta los tiempos de viaje, evita las presas, ofrece un ambiente más ameno y reduce los desplazamientos entre una parada de bus y la otra.

“Nos lo merecíamos”, manifestó Nancy Carpio, primera pasajera en abordar los trenes nuevos.

Al final del recorrido, los pasajeros salieron satisfechos con la experiencia. Entre sus bolsos y billeteras llevaban bien guardado el boleto conmemorativo del viaje inaugural.

Juan Diego Córdoba González

Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Estudiante de la Maestría en Comunicación y Mercadeo. Periodista de la mesa de Sociedad y Servicios de La Nación.