Juan Fernando Lara Salas. 17 febrero
Edificio central del ICE frente al Parque Metropolitano La Sabana en San José./ Fotos: Melissa Fernández
Edificio central del ICE frente al Parque Metropolitano La Sabana en San José./ Fotos: Melissa Fernández

La agencia calificadora Moody’s mantuvo para el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) la calificación B1 y mejoró su perspectiva del crédito de Negativa a Estable, según información divulgada el pasado 14 de febrero.

De la misma forma, el fideicomiso financiero de la planta Reventazón, en Siquirres, Limón mantuvo la calificación.

Estas decisiones vinieron luego de una revisión de condiciones financieras de Costa Rica que llevaron a esa misma agencia a reducir la calificación de riesgo financiero del país de B1 negativa a B2 estable, como lo anunció el ministro de Hacienda, Rodrigo Chaves, el lunes pasado, cuando compareció ante el Congreso.

Según la metodología de Moody’s, esta calificación de riesgo (B2 estable) significa que las emisiones de bonos de Costa Rica son clasificadas como especulativas, y que el país es de alto riesgo crediticio.

La agencia también redujo la nota de Costa Rica en diciembre del 2018, en medio de una fuerte restricción de liquidez en el Gobierno, y a escasos días de haberse aprobado al Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

En aquella ocasión, también cambió la perspectiva de riesgo financiero a negativa tanto para el ICE como para el fideicomiso financiero Reventazón.

Sin embargo, el análisis más reciente de las condiciones del ICE y el fideicomiso resultó positivo.

“La evaluación de crédito de referencia del ICE es B1. La evaluación captura su papel clave como entidad gubernamental autónoma y su posición dominante en el mercado, su naturaleza totalmente regulada y la propiedad del Gobierno que crea vínculos con Costa Rica”, precisa el reporte.

En el caso del Instituto y el fideicomiso de la planta Reventazón , la decisión de mantener la nota en B1 se basó en la solidez crediticia del ICE.

“La calificación también refleja su operación autónoma regulada por un regulador independiente. Es importante destacar que nuestro posicionamiento de la calificación considera que el marco regulatorio de ICE se mantendrá estable sin una interferencia negativa que podría afectar su posición financiera”, agrega Moody’s en su análisis.

El análisis de la calificación asignada al fideicomiso Reventazón se deriva de la calificación otorgada al ICE.

“Reventazón depende en gran medida del desempeño financiero de ICE dadas las obligaciones que ICE ha asumido bajo los acuerdos contractuales como patrocinador, comprador, contratista EPC, arrendatario y operador”, explica la agencia.

Este fideicomiso lo administra Scotiabank. La planta está valorada en $1.567 millones y se inaguró en setiembre de 2016.

Advertencia

Sin embargo, Moody’s también advierte que la clasificación podría invertirse. Cito, por ejemplo, que una rebaja adicional en la calificación de del Gobierno de Costa Rica (como la ocurrida la semana anterior) podría conducir a una acción de calificación negativa para el ICE.

Además, agrega que si el endeudamiento del ICE aumenta significativamente por encima de niveles anticipados, las métricas crediticias se deteriorarían. Si, de paso, la cobertura en el pago de intereses afecta el flujo de efectivo (liquidez), ello también podría presionar de forma negativas las calificaciones.

Una baja de las calificaciones de ICE, explica Moodyś, “probablemente también resultaría en una baja de las calificaciones del fideicomiso financiero Reventazón”.

El balance financiero del Grupo ICE, al cual pertenece el Instituto, parecía mejorar al final del 2019 sin que implique todavía estabilidad financiera dado su alto endeudamiento.

El conglomerado de empresas públicas registró al tercer trimestre del 2019 un aumento en sus ingresos del 5,8% con relación al mismo periodo del año anterior, al pasar de ¢1.036.100 millones a ¢1.096.441 millones; una diferencia de ¢60.341 millones, indican sus últimos estados financieros.

Los integrantes de este grupo empresarial son el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y sus subsidiarias Radiográfica Costarricense S.A., Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), Compañía Radiográfica Internacional Costarricense S.A. (CRICSA), Cable Visión de Costa Rica S.A. (CVCR) y Gestión de Cobro Grupo ICE S.A.

El negocio de electricidad aportó la mayor parte del dinero al cerrar su ingreso en ¢645.394 millones; un repunte de ¢39.042 millones (6,4% más) respecto a los ¢606.352 millones a setiembre del 2018.

Las ventas en telecomunicaciones, entretanto, dejaron ¢451.047 millones de ingreso a setiembre anterior; un aumento de ¢21.299 millones (4,9% adicional) desde los ¢429.748 millones que se negocio aportó a setiembre del 2018.

Sin embargo, la salud financiera del Grupo ICE todavía sigue en cuidados intensivos.

Los estados financieros al III Trimestre del 2019 también evidencian que el Grupo tiene una deuda productiva (inversiones) por ¢2,9 billones por obligaciones con bancos, colocación de bonos de deuda y arrendamientos operativos; entre otros.

Hazel Cepeda, gerenta general del ICE, reconoció entonces que para disminuir de forma sustancial la distancia entre ese nivel de deuda y el capital propio invertido, es necesario generar un “excedente de operación superior y sostenido”.

Si bien es cierto que los resultados a setiembre de 2019 son satisfactorios, la funcionaria recalcó que no puede concluir que ya se hayan alcanzado los objetivos de estabilidad financiera.

“A la fecha, las acciones adoptadas —que son parte del proceso de transformación institucional— han implicado cambios positivos, pero la meta clara sigue siendo mejorar la eficiencia operativa, el incremento en los ingresos con servicios y productos rentables, y el mejoramiento de la estructura de la deuda”, explicó.

El mayor excedente, advierte la funcionaria, contribuye a bajar el endeudamiento, pero todavía se requieren mayores excedentes operativos y de forma sostenida.