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Anidación en verano augura caída de pichones que podrían requerir su ayuda

Personal del Minae advierte de que es fundamental reconocer en qué etapa está el ave. Hay que evitar soplar sobre el animalito, darle alimento o agua y manipularlo más de la cuenta

Al llegar el verano se multiplican los nidos de pájaros en casas y patios como parte del ciclo reproductivo. Sin embargo, también es cuando más mueren polluelos caídos de sus hogares o cazados al aprender volar.

No es extraño entonces que se pueda encontrar alguno, por lo que conviene saber cómo ayudarlos, pues podría ocurrir en cualquier momento en próximas semanas, debido a que las aves son un grupo tan diverso que están presentes en prácticamente cada ecosistema del mundo.

Solo en Costa Rica, hay más de 918 especies, algunas de ellas comunes tanto en zonas rurales como urbanas, explicó Shirley Ramírez Carvajal, bióloga de Vida Silvestre de la Comisión Nacional de Gestión de la Biodiversidad del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

Ante un ave caída, sugiere Ramírez, lo primero es conocer un poco de esos comportamientos para diferenciar cuándo ameritan ayuda, y cuándo, la actuación precipitada y sin contexto de una persona podría ser perjudicial.

Algunas reglas de oro en ese sentido son: no soplar sobre el animalito, no intentar darle alimento o agua y no manipularlo más de la cuenta.

Antes de ayudar, primero es fundamental reconocer en qué etapa de desarrollo está el ave, indicó Angie Sánchez Nuñez, coordinadora de Vida Silvestre del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac).

Se le llama cría o pichón al ave salida del huevo, que tiene plumas en forma como de cañón o plumas algodonadas; típico del desarrollo de las primeras plumas que no suelen cubrir todo el cuerpo.

Son polluelos en la etapa siguiente, cuando ya tiene el cuerpo cubierto de plumas y pocas o ninguna pluma en forma de cañón o algodonadas.

Por último, si ve aves que brincan, revolotean o se esconden por el suelo, a esos se les llama volantones y abandonan intencionalmente el nido para explorar, ejercitarse y aprender a volar.

En qué fijarse y cómo proceder

La bióloga Shirley Ramírez explicó que una cría o pichón caído puede necesitar ayuda, ya sea devolviéndola al nido, o construyendo uno temporal para que sus padres puedan seguir su crianza. Casi nunca hay que llevarlo a un centro de rescate.

En esos casos, es prudente vigilarlo un par de horas a distancia mientras los padres regresan al nido. Si usted no puede ver dónde está el nido, haga un nido temporal donde el pichón esté seguro y cerca de donde lo halló.

Si los padres nunca regresan, es preferible reportar el caso a una oficina del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) o con un centro de rescate autorizado para recibir indicaciones y recomendaciones, añadió Sánchez.

Los números de contacto del Sinac puede encontrarlos en el stio http://www.sinac.go.cr/ES/tramitesconsultas/Paginas/Consultas.aspx

“En cambio, los volantones exploran pero nunca andan solos, pues los padres siempre están pendientes y cuidándolos constantemente; en la mayoría de casos no requieren ningún tipo de ayuda ni rescate”, aclaró Ramírez.

La bióloga sugirió que, ante un pichón sin plumas y con ojos cerrados fuera del nido, hay que intervenir para llevarlo de vuelta lo antes posible, con manipulación mínima y ojalá usando guantes.

“Si es un volantón, evitar capturarlo, a menos que evidentemente esté herido. Estos casos sí suelen requerir que usted lo ayude pero, ante todo, librándolo de la presencia de gatos, perros o asistirlo si choca una ventana”, indicó.

Sánchez recordó que la Ley de Conservación de Vida Silvestre No.7317 protege la fauna y prohíbe la tenencia de animales silvestres.

“Para que los pichones y polluelos alcancen un adecuado desarrollo y comportamiento silvestre, es necesario evitar llevarlos a casa para cuidarlos, alimentarlos y mantenerlos como mascotas”, concluyó.

Juan Fernando Lara Salas

Juan Fernando Lara S.

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, infraestructura, energía y telecomunicaciones.