Sofía Chinchilla C.. 10 julio
Los hechos ocurrieron en el departamento de Salud de la UNA, en la sede central en Heredia. Fotografía de archivo del campus universitario, con fines ilustrativos: Graciela Solís.
Los hechos ocurrieron en el departamento de Salud de la UNA, en la sede central en Heredia. Fotografía de archivo del campus universitario, con fines ilustrativos: Graciela Solís.

A las 8 a. m. de un viernes a principios del 2014, una alumna de la Universidad Nacional (UNA) ingresó al consultorio médico de la sede central de esa casa de estudios, en Heredia, para realizarse un chequeo y preguntar por un dolor de espalda que la aquejaba desde hacía días.

Pero lo que ocurrió en ese consultorio, en vez de traerle tranquilidad, la hizo sentirse violentada y preocupada por las demás alumnas que acudían a los servicios de salud universitarios, según contó un mes después ante la Comisión de Resolución de Denuncias sobre Hostigamiento Sexual de la UNA.

Ante esa instancia, la joven relató que, durante la consulta, el médico de apellido Camacho hizo un comentario inapropiado sobre sus glúteos, le dio una nalgada y le quitó el brasier sin su consentimiento, antes de realizarle un examen de mamas.

El relato de la joven dio pie a un procedimiento administrativo por hostigamiento sexual en el que el doctor resultó sancionado, por segunda vez, por una falta grave de acoso. Tanto en esa como en la ocasión previa, su castigo fue una suspensión de 15 días sin goce de salario.

Las dos investigaciones contra el médico son parte de las 54 denuncias por hostigamiento sexual que tramitó la Universidad Nacional contra funcionarios entre 1997 y el 2019, de las cuales 39 terminaron con alguna sanción contra el responsable.

Por solicitud de La Nación, la casa de estudios superiores entregó una copia de las resoluciones de dichos casos omitiendo la identidad de las víctimas.

Según el relato de la estudiante que denunció a Camacho, luego de acostarse en la camilla, el médico le revisó la espalda. No obstante, de repente sintió que el médico le dio una nalgada.

La entonces rectora evitó despedirlo

La joven afirmó que el doctor le dijo que su malestar era normal, “que se debía a que yo tengo mucho rabo”, recordó ante la Comisión.

Luego, continuó su relato, el médico le empezó a hablar sobre el autoexamen de mamas y le sugirió practicárselo, pese a que ella no había preguntado por ese procedimiento. Después de acceder, caminó de nuevo hacia la camilla y, sin previo aviso, el doctor metió las manos bajo su ropa, le desabrochó el brasier, le subió la blusa y realizó el examen.

Cuando terminó, sin pedirle autorización, volvió a abrocharle el sujetador, añadió.

“¿Con qué confianza me vuelvo a realizar ese tipo de procedimientos tras esta horrible experiencia? Fue una experiencia muy frustrante como mujer, como estudiante, como ser humano y que no le desearía a nadie”, afirmó la muchacha.

En su descargo, Camacho negó que le hubiera dicho a la joven la frase denunciada y aseguró que, durante la cita, se limitó a seguir las pericias médicas, sin darle ninguna nalgada.

“El examen de mama es un procedimiento necesariamente invasivo, que se realiza para descartar problemas de salud. (...) El mismo se realizó cumpliendo con todos los principios médicos y éticos que la profesión señala”, afirmó el denunciado.

La Comisión consideró que la Fiscalía contra el Hostigamiento no logró demostrar que el denunciado tenía antecedentes por hostigamiento, pese a que le habían impuesto una sanción en firme dos años atrás. Aun así, el órgano interpretó que Camacho incurrió en una falta gravísima y le recomendó a la entonces rectora, Sandra León, que lo despidiera.

La exjerarca universitaria, no obstante, encontró “dudas razonables” sobre si, en la revisión de la espalda, medió una connotación sexual.

“Por la naturaleza de una consulta médica, pueden mediar acercamientos y tocamientos corporales, posiblemente generadores de inseguridades o confusión para quien los recibe, pero que no necesariamente tienen un contenido morboso o libidinoso”, alegó León.

La funcionaria sí concluyó que la expresión “mucho rabo” fue una falta al deber de cuidado y que el desabrochar el brasier de la paciente fue una conducta perjudicial por parte del médico. Finalmente, cambió el despido por una suspensión de 15 días sin goce de salario. Tal castigo fue ratificado por el Tribunal Universitario de Apelaciones (TUA).

Tenía un quiste en la cara, pero le revisó el vientre

Los hechos por los que se dictó la primera sanción contra Camacho ocurrieron en el 2011.

La afectada fue una alumna que acudió al consultorio médico para que le trataran un quiste en el párpado. Según relató, en la primera cita, el doctor le indicó que se acostara en la cama y, sin informarle ni pedirle permiso, le levantó la blusa a nivel del pecho y le estiró la licra que vestía, para revisarle el vientre, acto que la tomó por sorpresa.

Según la joven, al final de la consulta, el médico le entregó unas pastillas que debían deshacer el quiste, pero al cabo del periodo indicado, el medicamento no había hecho efecto. Entonces, acudió a una nueva cita. En esa consulta la atendió otro médico, quien solamente le revisó el párpado.

“Fue entonces, cuando, comparando ambas citas, caí en cuenta de que el doctor Camacho no tenía por qué haberme revisado el vientre ni el abdomen, si la situación se presentaba en mi ojo”, señaló la muchacha en la denuncia que presentó ese mismo año.

Ese otro doctor, luego de verificar la condición de la paciente, sacó una nueva cita para la realización de una cirugía.

El día del procedimiento, quien la atendió fue Camacho. De acuerdo con la muchacha, ella estaba acostada en la camilla, cuando el denunciado le ofreció un chocolate y le hizo comentarios que la hicieron sentir nerviosa.

“Ay mi chiquita, usted sí es linda. Usted sí me gusta (...). No, pero es en serio, cada vez que yo la veo, me deja como loco”. Esas fueron dos frases que, según la víctima, le dijo Camacho.

La resolución del caso consigna que, cuando el procedimiento por el quiste terminó, el médico le preguntó cuándo lo volvería a visitar, la abrazó y le dio un beso en la mejilla, lo cual provocó que ella llorara cuando salió del consultorio.

Al rendir su declaración, Camacho afirmó que, durante el procedimiento, se limitó a responder a una pregunta de la paciente, quien, según él, le consultó si le iba a quedar una cicatriz.

“Ella me decía, ‘pero es que si me queda’, yo le digo ‘no, no, usted está muy bonita, usted va a quedar igual, eso no le va a hacer, no le va a quedar ninguna cicatriz’”, dijo Camacho, según la resolución.

Luego de entrevistar a la denunciante, al médico y a varios testigos, la Comisión dio parte de los hechos denunciados por verídicos. Excluyó el relato de la revisión repentina del vientre pues, según los examinadores, no se probó que hubiera ocurrido.

“Esta Comisión considera que los hechos consideran una falta grave. Resulta evidente que existió una violación al deber ético del médico y una violación a la confianza profesional en la relación médico-paciente”, concluyó la Comisión.

Como sanción, dicho órgano dictó una suspensión de ocho días sin goce de salario. No obstante, tanto la Fiscalía como el funcionario apelaron y, tras revisar el caso, el TUA aumentó la suspensión a 15 días.

“No se justifica que en una consulta médica el doctor se acerque a la paciente y le diga frases como (las relatadas)... O que el médico abrace, acaricie o bese a la paciente”, respondió el Tribunal al doctor.

La UNA confirmó que Camacho aún es funcionario de la universidad, en la que labora desde hace 18 años. Su nombramiento es de tiempo completo, en el departamento de Salud.

Desde el 21 de junio, este medio procuró obtener una declaración de Camacho a través del departamento de comunicación de la Universidad. La oficina respondió que la solicitud fue remitida al doctor, a quien también se le enviaron las consultas a su correo electrónico. No obstante, al cierre de este artículo, el médico no envió su respuesta.

El funcionario permanece en su puesto con las dos sanciones a cuestas.

En otros casos, la UNA despidió a docentes por comentarios con connotación sexual y tocamientos. Este año, expulsó a dos, por ejemplo.

Uno daba clases en la Escuela de Música. En lecciones individuales, el sujeto usaba una técnica que incluía masajes “para relajar el cuerpo” y que, según él, ayudaban a las estudiantes a tocar mejor. Según la denunciante, él llegó a meter sus manos debajo de su ropa e insistía en que debía desabrocharse las prendas para tocar mejor.

El otro impartía cursos en la carrera de Ingeniería en Bioprocesos Industriales. La persona que lo acusó afirmó que él hacía comentarios sexistas, con connotación sexual y humillante durante las lecciones, y que incluso le dijo que debía ir a recoger un examen corregido a su casa.