Marvin Barquero. 1 abril

El abstencionismo del 32,97% registrado en la segunda ronda de las elecciones presidenciales de este 2018 (corte a las 9:00 p. m. de este 1.° de abril), revierte una tendencia que venía de las dos ocasiones anteriores en las que fue necesario un segundo llamado a las urnas.

En el 2002, cuando se enfrentaron en un segundo pulso Abel Pacheco y Rolando Araya, el abstencionismo se ubicó en el 39,8%. Luego, para el 2014, cuando fue el turno entre Luis Guillermo Solís y Johnny Araya, la cifra se elevó al 43,5%.

La tendencia al alza se revirtió también pese a que en la actual segunda vuelta además se mezclaron la polarización de los votantes con el desencanto partidista y el particular día en que se efectuaron las elecciones: Domingo de Resurrección, según comentaron analistas políticos.

El 32,97% de abstención logrado en estas votaciones reduce en más de 10 puntos porcentuales el dato del 43,5% de la segunda ronda del 2014.

El corazón de San José este domingo de elecciones a media mañana. La menor asistencia de electores se ha manifestado en las últimas seis votaciones y se acentuaba cuando hay segunda ronda. La tendencia al alza ahora cambió. Foto José Cordero
El corazón de San José este domingo de elecciones a media mañana. La menor asistencia de electores se ha manifestado en las últimas seis votaciones y se acentuaba cuando hay segunda ronda. La tendencia al alza ahora cambió. Foto José Cordero

Incluso el dato es menor al 34,3% que se registró el pasado 4 de febrero, en la primera ronda de este 2018, aunque se manuvo dentro de las conductas de votación de las últimas seis elecciones, desde 1998, considerando tanto primeras como segundas convocatorias.

Al evaluar los datos históricos se nota que la cifra de ciudadanos que no votaron tuvo un salto de más de 11 puntos porcentuales entre los comicios de 1994 y los de 1998. Los datos del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) establecen que pasó de 18,9% a 30%.

Se marcó en ese momento el fin de un periodo de mejor asistencia a las urnas, pues desde 1962 el número de votantes que no lo hizo osciló en cifras menores al 20%, a excepción de 1982, con un ligero incremento al 21,4%.

"Hay tres momentos muy claros", declaró Hugo Ernesto Picado León, director general del Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED), del TSE.

"El primero –detalló– es el de las elecciones de 1953 y 1958, donde el abstencionismo oscila entre el 32% y el 35%, llegando en 1958 al momento histórico más alto (35,3%).

El resultado del abstencionismo de este 2018 cambia la tendencia al alza en las segundas rondas.
El resultado del abstencionismo de este 2018 cambia la tendencia al alza en las segundas rondas.

"El segundo, continuó, entre 1962 y 1994, con abstencionismos que rondaron el 20%. Y desde seis elecciones atrás (incluida la primera ronda de este año) viene el tercer momento, en el cual la cantidad de electores que no ejerce su voto supera el 30%".

Factores múltiples

Desde hace 18 años y mediante un convenio con la Universidad de Costa Rica (UCR), el IFED hace estudios acerca del fenómeno de la negativa a ejercer el voto. Los resultados son muy parecidos a los que presentan otros análisis de la academia, señaló Picado.

"Básicamente es un fenómeno multicausal. Hay muchas causas, no es posible o correcto atribuirlo a un solo factor. Hay que estudiar elementos como el sistema de partidos", dijo Picado. Por eso, reconoció que también no es fácil superar en algún momento esta escasa participación ciudadana.

Al volver a la historia reciente, cobijada en la Constitución Política de 1949, Picado recordó que el largo periodo anterior a 1998, donde hubo alta participación ciudadana en los comicios, se caracterizó por un sistema de partidos muy fuerte, los cuales mantuvieron un gran arraigo entre los electores.

Fue una etapa larga en la cual se era liberacionista o antiliberacionista, se era figuerista o calderonista, con un alto alineamiento electoral y en el cual las consultas públicas decían que más del 94% se identificaba con un partido, de acuerdo con los estudios del IFED y la UCR.

A partir de 1998, las investigaciones académicas señalan un periodo de desalineamiento electoral, proceso en el que cada vez más, el costarricense pierde identificación con los partidos.

Las consultas públicas indican que desde 1998, cuando no se está en periodo electoral, "precariamente" tres de cada 10 de los electores dice que se identifica con un partido.

Otro de los factores de la escasa movilización electoral identificado por el IFED y la UCR es que en Costa Rica no existan sanciones por no ir a votar.

A eso se une la separación de las elecciones municipales de las presidenciales y legislativas como otro de los factores a tomar en cuenta, de acuerdo con los trabajos de la academia sobre el fenómeno.

El debilitamiento del financiamiento de las agrupaciones políticas también incide, pues se redujo la capacidad de movilización de simpatizantes. Esto se refiere a la modificación del financiamiento por adelantado a los partidos, que se puso en vigencia a mediados de los años noventa.

El crecimiento de la población se analiza también como una dificultad de movilización, así como el desarrollo particular de Costa Rica: más infaestructura y desarrollo económico hacia el centro del país y menos hacia las costas y fronteras terrestres.

También es notorio el desarraigo partidario a partir de que los hijos de los caudillos Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer, llegaron a la Presidencia de la República. Rafael Ángel Calderón Fournier ejerció el mandato entre 1990 y 1994 y José María Figueres Olsen lo hizo entre 1994 y 1998.

Por esa multiplicidad de factores, la baja participación no se puede atacar solo desde factores técnicos, como facilidad para obtener cédula, cantidad de centros de votación, empadronamiento automático o apertura de mesas en el extranjero, advirtió Picado.

Finalmente, el IFED concluye en sus estudios que hay dos corrientes de análisis del abstencionismo. Una que compara los datos regionalmente y para democracias maduras como Costa Rica y estima normales cifras cercanas al 30% y otra que prescinde de las comparaciones y ve esas cifras como muy altas.