Lucía Astorga. 29 septiembre, 2018
El joven de 18 años Aarón Montes, mostró algunos diseños de máscaras boruca que se exhibieron durante el Congreso de Sostenibilidad SEE 2018. Foto: Rafael Murillo
El joven de 18 años Aarón Montes, mostró algunos diseños de máscaras boruca que se exhibieron durante el Congreso de Sostenibilidad SEE 2018. Foto: Rafael Murillo

“La idea es no perder la tradición ni la cultura, sobre todo que Costa Rica sepa que nosotros existimos”. Esa es la convicción que impulsa al joven Aarón Montes a dar a conocer y mantener vivas las costumbres y tradiciones ancestrales de la comunidad indígena de Boruca.

El joven, de 18 años, carga sobre sus hombros una gran responsabilidad, pero lo hace con orgullo. Su meta es expandir por todo el país, la representación del arte, artesanía y tradición cultural de este pueblo de origen costarricense, de ahí que decidiera participar en el primer Congreso de Sostenibilidad, Ecología y Evolución (SEE 2018).

Montes ofreció a los asistentes del evento una muestra de diversos estilos de máscaras tradicionales hechas a mano con motivos autóctonos de la cultura de la localidad de Boruca.

Las máscaras boruca guardan un significado especial para este pueblo indígena, que busca preservar su historia y cultura por medio de estas creaciones artesanales. Foto: Rafael Murillo
Las máscaras boruca guardan un significado especial para este pueblo indígena, que busca preservar su historia y cultura por medio de estas creaciones artesanales. Foto: Rafael Murillo

Cada una de las máscaras cuenta con un significado específico; una de ellas es la ‘máscara del guerrero’, que, según el joven, “representa la furia y el coraje de los valientes que lucharon contra los españoles. Los colores son originales de Boruca y es artesanía hecha a mano, a partir de madera”.

Otra de las creaciones es la máscara ecológica, de carácter decorativo, la cual hace referencia a la relación de los personas con la naturaleza, por medio de representaciones de plantas y el rostro del ser humano.

Entre tanto, el “guerrero ecológico” integra la cara del diablo con distintos animales y plantas.

“Es una máscara que asusta pero que, al mismo tiempo, enamora, porque es tanta la belleza y el arte que tiene, que de verdad hemos recibido muchas buenas críticas”, aseguró.

Las máscaras se hacen a partir de un tronco, sobre el cual se dibuja el diseño. Este es tallado para crear las elevaciones que dan la textura, posteriormente se lija y pinta; proceso que realiza el tío de Aarón, Víctor Hernández.

“Es una fuente económica para nosotros, porque lo que es en Boruca no hay mucho trabajo”, lamentó.

Las máscaras tienen un vínculo especial con la historia de la comunidad indígena de Boruca, y todavía se utilizan en las actividades tradicionales como el llamado “Juego o Fiesta de los Diablitos”, que se celebra desde la medianoche del 30 de diciembre hasta el 2 de enero.

Esta expresión cultural tradicional representa el drama histórico de la Conquista, es decir, la lucha de los borucas, personificados por los cabrû (diablitos) contra los españoles, simbolizados en la figura del toro; todo ello, enfatizando la resistencia del indígena ante la colonización.

“Ellos (los boruca) andan por todo el pueblo en lo que es la lucha. En esa tradición usan máscaras y se visten con sacos de gangoche, y así representan el enfrentamiento”, explicó Montes.

El 2 de enero se conmemora la Tumbazón, que es el final de la batalla. “El español piensa que gana, conquista; pero, mágicamente, los guerreros indígenas vuelven a la vida y van en busca de él; finalmente, lo agarran, lo atrapan, en ese caso sería que lo queman. Y dice la leyenda que beben la sangre del toro. En este caso, eso se representa con la chicha de maíz, que es la bebida tradicional de boruca".

Según el joven, esta representación genera mucho interés entre los turistas extranjeros, principalmente los estadounidenses que asisten a la celebración cada fin de año, y quienes, además, aprovechan para adquirir una de las máscaras que se utilizan durante la actividad y después son subastadas.

“Compran artesanía que se usa, porque muchos de nosotros, al final, subastamos las máscaras y entonces llos aprovechan. Se llevan una parte de nosotros para sus casas”, señaló.

La pretensión de esta comunidad es que tal interés no surja solamente entre los turistas de otros países, sino que también los costarricenses visiten la localidad para que no se pierda este legado cultural, el cual fue declarado, el año pasado, Patrimonio Cultural Inmaterial.