Irene Rodríguez. 28 marzo
Eligio Salazar es uno de los tramoyistas del Teatro Nacional. Un nuevo proyecto pretende formar una nueva generación de tramoyistas para que nutran durante más años las artes teatrales. Fotografía: Jorge Navarro
Eligio Salazar es uno de los tramoyistas del Teatro Nacional. Un nuevo proyecto pretende formar una nueva generación de tramoyistas para que nutran durante más años las artes teatrales. Fotografía: Jorge Navarro

Para resistir las cargas más fuertes como la concha acústica o la cortina cortafuegos, el Teatro Nacional (TN) reforzará su tramoya, con una de metal, mientras la tradicional de madera, compañera de tantos años, operará con cargas más livianas.

La tramoya son todos los mecanimos para hacer los cambios de decorado o los efectos que ven los espectadores.

Pero así como procura mantener la tramoya, el Teatro también hace esfuerzos para conservar el oficio de tramoyista, otro protagonista del espectáculo.

De ahí que prepara una nueva generación que se encargará de manejar un sistema automatizado con la nueva tramoya de acero, pero, también, de las labores manuales en la tramoya de madera, controlando con cables y cuerdas lo que sucede en el escenario, caminando por esas “calles” creadas con tablones de madera.

“La tramoya es la vida, conocemos el escenario por completo, sabemos dónde debemos colocarlos (cada elemento) específicamente en la tramoya para crear un efecto en el escenario, sabemos cuándo correr si algo sale mal para que el público no se de cuenta”, señaló Telémaco Martínez, especialista en iluminación y uno de los tramoyistas.

Para aprender esos conocimientos y desarrollar esas habilidades es que se pretender crear una escuela de tramoyistas.

“Para una intervención como la que estamos haciendo, de reforzar la tramoya del Teatro, también debemos reforzar la dinámica teatral, que son las personas. Nosotros tenemos el personal técnico que además tiene la habilidad de operar la nueva tecnología”, manifestó Karina Salguero, directora del TN.

Estas personas tendrían una certificación respaldada por el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

“Con el Parque La Libertad, estamos trabajando para dar una serie de capacitaciones a tramoyistas e invitar a más personas que quieran ejercer ese oficio. Porque de lo contrario no vamos a tener relevo generacional y eso es fundamental, ¿qué pasaría si dentro de unos años tenemos una tramoya que nadie pueda operar”, añadió.

Martínez señaló que quien sabe hacer trabajo de tramoya en un teatro como el Nacional, podrá estar en capacidad de montar un espectáculo en cualquier otro lugar, como un gimnasio, o incluso un campo abierto.

“Hemos montado escenarios con todo lo técnico en lugares muy complicados. En esto nunca se deja de aprender ni de crecer”, destacó.

Aún no hay fecha exacta para saber cuándo estará lista esta primera generación, pero ya los trabajos para hacer realidad la escuela comienzan a concretarse.

Para Salguero, esta será una nueva fuente de trabajo, para que decenas de personas puedan encontrar su forma de ganarse la vida no solo en el Teatro Nacional, sino también para abrirse espacio en otros teatros, salas de eventos y lugares en donde se realicen espectáculos.

Según Diego Meléndez, director del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural (CICPC), preservar esta labor es necesario, pues el oficio de tramoyista tiene características de un patrimonio cultural inmaterial, por su carácter histórico y emblemático.