Daniela Cerdas E.. 21 julio
En 2017, la UCR tuvo una matrícula de 41.118 alumnos. Fotos Mariandrea García.
En 2017, la UCR tuvo una matrícula de 41.118 alumnos. Fotos Mariandrea García.

De las cuatro universidades públicas de mayor antigüedad, la Universidad de Costa Rica (UCR) es la que menos ha aumentado su matrícula en la última década, a pesar de que se lleva la mayor cantidad del presupuesto para la educación superior.

Del 2007 al 2017, el incremento de la matrícula en la UCR ha sido del 21% (de 33.928 estudiantes a 41.118) pero su presupuesto total ha crecido en un 116%. Pasó de ¢177.390 millones a ¢382.391; la cifra está expresada en colones de hoy.

Ese presupuesto incluye lo que recibe la UCR del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) y transferencias establecidas en diferentes leyes.

El incremento de matrícula en la UCR en una década es apenas la mitad de lo que lograron otras universidades públicas con menos presupuesto en el mismo periodo. El caso más revelador es el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) que logró en 10 años incrementar su matrícula en un 44% (de 6.852 a 9.853) aunque, en números absolutos, recibe recursos muy por debajo de la UCR.

En 2007, el ITCR recibió ¢33.906 millones y en 2017 esa cifra llegó a ¢84.108 millones. Su crecimiento porcentual de presupuesto sí fue mayor que el de la UCR, con un 148%.

En el caso de la Universidad Nacional (UNA) en una década su matrícula se incrementó en un 41%: pasó de 13.049 alumnos a 18.390, y la Universidad Estatal a Distancia (UNED) un 26% (de 18.567 a 23.355 estudiantes desde el 2007).

Los datos anteriores se desprenden de cifras de presupuestos de la Contraloría General de la República (CGR) e historiales de matrícula suministrados por el Consejo Nacional de Rect

Gráfico
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ores (Conare)

La Academia de Centroamérica criticó en el estudio ¿Qué produce y cuánto cuesta la educación universitaria estatal en Costa Rica? que la matrícula de las universidades crecía a un ritmo mucho menor que los recursos financieros girados. No existe relación alguna entre la matrícula y el presupuesto universitario, concluyó el estudio

“Cabría esperar que la relación entre esas variables fuera más cercana, de manera que el incremento en recursos tuviera como contrapartida un comportamiento más dinámico en los productos. Plantear algún tipo de relación entre esas variables, sin embargo, no es algo trivial por la deficiencia de las estadísticas disponibles y la complejidad que representa definir productos y asociar costos”, explicó este grupo de análisis conformado por economistas.

¿Por qué la diferencia de crecimiento en la matrícula entre universidades?

Henning Jensen, rector de la UCR, alega que esa casa de enseñanza es más que aulas con alumnos y recordó otras actividades que desarrollan.

“La UCR no es un enseñadero, es una universidad que es una institución en la cual hay transmisión de conocimiento, generación de conocimiento y también este conocimiento se transmite a la sociedad como un todo. No es una universidad que se dedique únicamente a la docencia, si no que se dedica también a la investigación y a la acción social”, explicó el rector.

Sin embargo, la mayor inversión es para pagar salarios. Por ejemplo, de los ¢258.000 millones del FEES que el año pasado recibió la UCR, se destinaron ¢117.767 millones (46%) en salarios docentes; ¢31.500 millones (12%) a investigación; ¢14.825 millones (5,7%) a Vida Estudiantil (que incluye becas y servicios para estudiantes) y el resto se utilizó en acción social, administración, inversiones y otros programas.

Jensen indicó que en esta década la Universidad ha privilegiado el aseguramiento de la calidad, más que la matrícula.

Son miles de personas las que se quedan sin un campo en las universidades públicas. Por ejemplo, para optar por un cupo en la UCR en el curso lectivo 2017, se inscribieron 47.813 personas para hacer la prueba de admisión: 8.647 personas fueron las que pudieron obtener un campo.

La UCR se deja el 57% del FEES. El resto se lo distribuyen el ITCR, la UNA y la UNED. La Universidad Técnica Nacional recibe fondos por aparte.

“Precisamente para asegurar la calidad hay que hacer inversiones muy grandes en equipamiento científico y tecnológico; eso ha redundado en que nuestros estudiantes tengan mejor preparación, que es equivalente a muchas de las mejores universidades del mundo. La investigación y la docencia también se dirigen al alumno; son salarios para dar lecciones y esto es un servicio al alumno”, explicó Jensen.

El rector añadió que el crecimiento de solo un 21% en la matrícula se explica por las limitaciones en la infraestructura de la sede central de la UCR en San Pedro de Montes de Oca, San José. En cambio, según él, en otras sedes regionales, como la de Alajuela, el incremento de la matrícula ha llegado hasta 3.835% en una década, aunque no detalló.

Jensen pone sus esperanzas en que con la construcción de los nuevos edificios –que estarán listos a finales de este año–, y la contención del gasto en salarios y pluses se pueda invertir más en abrir espacios para nuevos estudiantes.

Julio Calvo, rector del ITCR, explicó que en su caso se han concentrado en abrir nuevas carreras, hecho que les ha permitido tener, automáticamente, más matrícula en la última década.

Tales resultados se dan a pesar de que, al igual que en la UCR, la capacidad instalada de su sede central, en Cartago, está al tope. En 2016, los estudiantes del ITCR realizaron una manifestación porque 120 estudiantes regulares de esa institución, en la sede central, se quedaron sin matricular ni una sola materia, por falta de cupo para el primer semestre de ese año.

Además, otros 680 no pudieron matricular los bloques completos de materias para este semestre también por falta de espacio.

“Para el 2012, nosotros ofertamos dos nuevas carreras en San Carlos , que fueron Ingeniería Electrónica e Ingeniería en Producción Industrial; en el 2012, en Alajuela, ofertamos la carrera de Ingeniería en Computación y, en el 2013, abrieron esa misma carrera en San José. En el 2014, abrimos una sede en Limón con tres carreras como Ingeniería en Producción Industrial, Ingeniería en Computación y Administración de Empresas. En el 2018 abrimos Electrónica en Alajuela, e Ingeniería Física en Cartago”, detalló Calvo.

De los ¢50.602 millones que el ITCR recibió del FEES en 2017, ¢20.844 millones se destinaron a la partida de docencia (el 41%); ¢4.790 millones a Vida Estudiantil ( 9,5%); ¢4.836 millones a investigación y extensión (9,6%) y el resto se utilizó en la sede de San Carlos y en la administración.

Tanto la UCR como el ITCR incluye un monto para salarios en cada una de sus partidas.

Por ejemplo, en el Tecnológico, de los ¢4.790 millones que destina para Vida Estudiantil, ¢3.611 millones se gastan en sueldos (75%); de la partida de investigación y extensión (¢4.836 millones) el 89% es para salarios.

Esta situación se repite en cada uno de los componentes del presupuesto del Fondo para el Tecnológico. Al sumar la totalidad de la inversión en salarios de todas las partidas, resulta que un 84% del monto que reciben del FEES se destina al pago de remuneraciones.

La UCR no detalla cuánto se usa para pagar sueldos en cada una de las partidas. No obstante, el análisis de la Academia de Centroamérica señala que del FEES que reciben las universidades, el 80% se utiliza para salarios.

Superávit

A pesar de las necesidades de matrícula, becas y espacio que tienen las universidades públicas, en 2017 las cuatro que forman parte del FEES dejaron sin usar ¢168.746 millones.

Por ejemplo, del presupuesto total de la UCR del 2017, quedó un superávit de ¢89.540 millones, según datos de la Contraloría General de la República.

En el Instituto Tecnológico fueron ¢10.290 millones; en la UNA, ¢49.652 millones y en la UNED ¢19.264 millones.