Educación

Celular ‘salva’ a familias en clases virtuales y teletrabajo, aunque con limitaciones

Aparatos, que no son los idóneos para esas tareas, evitaron que el ‘hacinamiento tecnológico’ fuera aún mayor, advierte Estado de la Educación

Reportaje Punto y Aparte / La Nación sobre educación a distancia en 2020 - Alejandro Ponce - Fabrice Le Lous - Fotografías: Eyleen Vargas / PyA

El celular es el dispositivo tecnológico que, con limitaciones, ha permitido que los hogares costarricenses hagan frente a las obligaciones académicas y laborales durante la pandemia de coronavirus.

Aunque no es el equipo idóneo para ese tipo de tareas, de no ser por ellos la mitad de las familias ticas tendrían todavía mayores problemas para atender sus responsabilidades en las nuevas circunstancias.

Así lo determinó una investigación del Programa Estado de la Educación, la cual llama al Gobierno a tomar acciones para combatir el “hacinamiento tecnológico” en tiempos de pandemia.

“Un hogar tiene problemas de hacinamiento tecnológico cuando hay carencias de aparatos electrónicos entre todos los miembros en confinamiento, que les permitan recibir lecciones o teletrabajar.

“Se considera hacinamiento cuando la relación es de tres o más personas por cada aparato tecnológico que hay en el hogar”, señala una reciente publicación del centro de investigación.

Con base en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh), el Estado de la Educación encontró que ese hacinamiento se presenta en el 3% de las familias de todo el país.

Ese bajo porcentaje, sin embargo, solo se obtiene si se considera el celular como un dispositivo más para realizar esas tareas.

Si se deja por fuera ese aparato y solo se contemplan computadoras y tabletas –más adecuadas para esas labores–, el hacinamiento tecnológico asciende al 51% de los hogares.

Además, es la realidad del 77% de las familias con cuatro o más estudiantes.

“Estos hallazgos dejan en evidencia que hay un porcentaje importante de hogares con estudiantes que están recibiendo educación remota por medio de un celular.

“(Es) un dispositivo que, si bien cada vez más se usa como soporte de los procesos educativos, especialmente para mejorar acceso e interactividad, también tiene restricciones que pueden afectar de manera significativa la calidad del servicio educativo, especialmente por problemas de hardware (tamaño de pantalla pequeño, capacidad de memoria, batería) o plataformas inconsistentes por sistemas operativos distintos”, señala la publicación.

La carencia de los dispositivos tecnológicos para garantizar el acceso a la educación y el teletrabajo en tiempos de pandemia, se suma a los problemas de conectividad que afrontan los hogares más vulnerables.

Las familias que residen en zonas rurales no solo “tienen menor posibilidad de tener conexión alguna, sino que, en caso de (disponer de ella), esta es mayoritariamente de baja calidad y de alto costo para recibir lecciones, por ser de tipo móvil”.

Urge presencialidad

El hacinamiento tecnológico, señala el Estado de la Educación, lo viven principalmente los hogares en pobreza o vulnerabilidad.

Por ende, en caso de que el Gobierno no pueda asegurarles un dispositivo con acceso a Internet, el centro de investigación reclama otro tipo de acciones al Estado, como adelantar el regreso a las aulas de esos menores.

“En estas circunstancias, es urgente que el Estado genere las condiciones que se requieren para que los hogares con mayor hacinamiento tecnológico tengan acceso a dispositivos y conexión adecuados.

“Si bien el celular, hoy por hoy, está salvando la clase remota de muchos estudiantes, esto podría estar afectando su derecho a recibir una educación de mayor calidad.

“De no ser posible resolver esta situación dotándolos de otros dispositivos (computadoras o tabletas) y un acceso a buena conectividad, lo mejor sería que, en los próximos meses, el Ministerio de Educación permita que el estudiantado con problemas de hacinamiento físico y tecnológico deje la educación remota y se agilice su retorno seguro a las clases presenciales permanentes”, concluye el Estado de la Educación.

A raíz de una propuesta de ese mismo centro de investigación, el diputado Wagner Jiménez, del Partido Liberación Nacional (PLN), había presentado, en julio pasado, una propuesta para entregar bonos de conectividad, con el fin de llevar Internet a hogares pobres con recursos del Fondo Nacional de Telecomunicaciones (Fonatel).

Esa propuesta, sin embargo, ha avanzado muy poco en la Asamblea Legislativa. No fue hasta marzo cuando el Gobierno convocó el proyecto a sesiones extraordinarias. Esta semana fue retirado, junto con todas las demás iniciativas, para centrar la discusión en la reforma al empleo público.

Entretanto, las computadoras con conexión a Internet que la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel) entregaría a 215.000 estudiantes a comienzos del curso lectivo 2021, se tendrán hasta mediados de año, por retrasos en el cartel de licitación de la compra pública.

Días después del ingreso a clases bajo la modalidad híbrida, el Ministerio de Educación Pública (MEP) y el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) firmaron un convenio para que unos 200.000 estudiantes puedan acceder a Internet móvil “barato”.

Este programa se basa en un paquete de ¢2.000 mensuales, con el cual los beneficiarios podrán ingresar a plataformas digitales, como Microsoft Teams, para recibir sus lecciones virtuales.

Además, podrán navegar gratis en sitios de consulta como Wikipedia, Duolingo, traductores, así como páginas de ministerios y universidades públicas.

Esta facilidad, sin embargo, sigue sin resolver el hacinamiento tecnológico señalado por el Estado de la Educación.

Juan Diego Córdoba González

Juan Diego Córdoba González

Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina de Costa Rica. Estudiante de la Maestría en Comunicación y Mercadeo. Periodista de la mesa de Sociedad y Servicios de La Nación.