AFP . 19 abril
Lenín Rojas, de 36 años y padre de cuatro hijos, trabajaba en una empresa estatal cuando se involucró en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega como paramédico, para ayudar a curar heridos. Foto AFP
Lenín Rojas, de 36 años y padre de cuatro hijos, trabajaba en una empresa estatal cuando se involucró en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega como paramédico, para ayudar a curar heridos. Foto AFP

Managua (AFP). Lenín Rojas no pudo contener el grito de dolor cuando un agente puso su mano sobre una mesa y la sostuvo con la rodilla, mientras otro “con una tenaza levantó la uña”, recuerda el activista sobre los días que pasó en prisión por protestar contra el gobierno de Nicaragua.

El grito debió traspasar las paredes de la sala de interrogatorio de la temible cárcel El Chipote, pero no fue suficiente. "Me volvieron a golpear, me dejaron casi inconsciente, me pusieron en la misma posición y me sacaron otras dos uñas", relata Rojas.

Los agentes "estaban desequilibrados al no obtener respuesta de lo que ellos querían saber (...) una comisionada dijo que a todos los que íbamos a las marchas y fuésemos capturados nos iban a tirar al volcán Masaya", una caldera hirviente al este de Managua, recuerda.

Rojas, de 36 años y padre de cuatro hijos, trabajaba en una empresa estatal cuando se involucró en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega como paramédico, para ayudar a curar heridos.

Relatos de golpizas, aislamiento, amenazas, violaciones sexuales y otros actos de maltrato a prisioneros dentro de las cárceles fueron documentados por la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos (OACNUDH) en su informe divulgado en septiembre.

Rojas fue capturado el 11 de julio de 2018, en Managua, cuando regresaba de una marcha, una de tantas manifestaciones masivas que tuvieron lugar a partir de abril del año pasado, cuando se desató la crisis que vive el país.

Lenín Rojas fue capturado el 11 de julio de 2018. Este 18 de abril del 2019 se cumplió un año de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Foto AFP
Lenín Rojas fue capturado el 11 de julio de 2018. Este 18 de abril del 2019 se cumplió un año de la represión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Foto AFP

La represión a las protestas iniciadas contra una reforma a la seguridad social, que derivó en una demanda para la renuncia de Ortega, ha dejado 325 muertos, 2.000 heridos, cientos de detenidos y miles de exiliados, según organismos humanitarios.

El presidente, un exguerrillero de 73 años, enfrenta la peor crisis en 12 años de gobierno. Sus adversarios le acusan de corrupción e instaurar una dictadura.

Rojas fue acusado de terrorismo y 10 delitos más, por los cuales fue condenado a 18 años de cárcel, pero salió el 15 de marzo a prisión domiciliaria. Un total de 236 opositores presos han sido excarcelados en condiciones similares.

Tres dedos sin uña en la mano derecha son evidencia de lo que vivió, y que Rojas considera injusto: "Las únicas armas con que sí andaba era mi bandera (de Nicaragua) y una camiseta que decía: 'Que se rinda tu madre'", una consigna de la resistencia.

Como otros excarcelados, Rojas asegura que, aunque está en su casa, no está libre porque hay un constante asedio de seguidores del gobierno que pasan armados frente a su vivienda.

Además, como secuela de la prisión no puede dormir o tiene reacciones agresivas contra personas que le hablan al despertar.

“Pedirle a Dios”

En la cárcel, Rojas escuchaba lo que padecían otros presos. "Constantemente se oían gritos de horror, pero nadie podía hacer nada todos estábamos encarcelados, lo único era pedirle a Dios que terminara esa tortura", relató.

Organismos humanitarios y detenidos han identificado la cárcel de El Chipote como un centro de tortura, con celdas subterráneas, oscuras y húmedas, ubicada en la loma de Tiscapa, a un costado de la laguna del mismo nombre en el centro histórico de Managua.

Centenares de manifestantes, hombres y mujeres, han pasado por este lugar, que fue usado por la dictadura de Anastasio Somoza, derrocado en 1979, para apresar a sus opositores y exguerrilleros, entre ellos el propio Ortega.

Ante estas denuncias, la policía inauguró un nuevo complejo al oeste de Managua para albergar a la Dirección de Investigaciones Criminales, que la población ha bautizado como "el nuevo Chipote".

Pese a suplicar y pedir perdón cuando ya no aguantaba, "lo que hicieron fue volverme a golpear de manera más brusca. El maltrato era tanto que pedí que si iban a seguir torturándome que mejor que me mataran; que me pegaran un balazo", contó Rojas.

El abogado de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), Julio Montenegro, dijo a la AFP que regularmente reciben denuncias de maltratos a los detenidos de parte de familiares o de los propios presos.

"Hemos conocido casos que constituyen tortura, como el hecho de poner a una persona con los pies arriba y golpearla en el estomago o atacarlos con gases lacrimógenos cuando están encerrados", apuntó.

Entre las denuncias que más llamaron la atención están la golpiza propinada por agentes antimotines a detenidas en la cárcel de mujeres “La Esperanza”, y la agresión contra un grupo de varones en castigo por cantar el Himno Nacional de Nicaragua.