AFP . 13 septiembre
En los enfrentamientos también resultaron heridos 194 uniformados. Foto: AFP.
En los enfrentamientos también resultaron heridos 194 uniformados. Foto: AFP.

Bogotá. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, pidió perdón este domingo por los abusos de la fuerza pública, en una ceremonia que reunió a familiares de muertos y heridos durante las sangrientas protestas que estallaron hace cinco días contra la violencia policial en Colombia.

En un evento cerrado para evitar aglomeraciones en la pandemia, unas 150 personas fueron convocadas en la Plaza de Bolívar, el centro político del país.

La política pidió perdón por cada una de las víctimas mortales, en su mayoría jóvenes presuntamente baleados por miembros de la policía.

“Reconocer la gravedad de lo ocurrido (...) honrar la memoria de las víctimas y el dolor de sus familias es el primer paso indispensable para construir un proceso de verdad y justicia que posibilite uno de reconciliación”, añadió López mientras varios espectadores rompían en llanto.

Las manifestaciones comenzaron el miércoles en rechazo al presunto homicidio de Javier Ordóñez, un ingeniero de 43 años que recibió un brutal castigo por parte de dos policías.

En las protestas posteriores fallecieron 13 personas, la mayoría a tiros. Además, 178 civiles quedaron heridos, de los cuales 75 tenían lesiones de bala, según la alcaldesa.

De los disturbios y choques entre manifestantes y la fuerza pública también resultaron heridos 194 uniformados, aunque la policía no ha precisado cuántos de ellos por heridas de bala. Varios puestos de mando conocidos como CAI fueron atacados.

López denunció el “uso indiscriminado de armas de fuego” por parte de la fuerza pública, pese “a las claras instrucciones impartidas (...) para que nunca se usen armas letales” durante las manifestaciones.

En medio del evento, Bryan Baquero, que perdió a su hermana Angie de 19 años, tomó la palabra.

“Estamos viviendo un momento de tristeza, dolor, angustia”, dijo conmovido.

La víspera la alcaldesa publicó en sus redes sociales una invitación al evento para el presidente Iván Duque, escrita con su puño y letra. Pero el mandatario no asistió a la ceremonia.

“Aquí debería estar el presidente, debería estar la policía nacional”, extrañó Mayra Páez, viuda de Jader Fonseca, de 17 años.

“A mi esposo no fue una bala perdida (lo que lo mató), fueron cuatro tiros, a él lo acribillaron”, añadió afectada.

La muerte de Javier Ordóñez, detonante del descontento en las calles, está en investigación.

Su caso evocó el del afroestadounidense George Floyd. Su muerte en mayo asfixiado en Minneapolis por un policía blanco que desoyó sus suplicas mientras lo inmovilizaba en una detención, desató una ola de protestas a lo ancho de Estados Unidos.

El padre Francisco de Roux, superior de la comunidad jesuita de Colombia, se preguntó durante la ceremonia: “¿Por qué los mataron? ¿por qué había esa idea de que las armas se pueden usar para irrumpir contra la protesta legítima?”.

Gobierno señala a guerrillas urbanas

Por su parte, el gobierno colombiano denunció que guerrilleros del ELN y grupos que se marginaron del acuerdo de paz están detrás de los ataques a la fuerza pública en Bogotá.

El consejero de paz del gobierno, Miguel Ceballos, señaló en un video que los rebeldes están “manipulando” las manifestaciones que siguieron a la muerte de Ordóñez.

Sin referirse a las denuncias, Ceballos dijo que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las FARC son los culpables de la “vandalización” de decenas de CAI en Bogotá.

“Responsabilizamos al ELN, directamente a (...) Ariel, quien es la persona que maneja el frente urbano de esa guerrilla; responsabilizamos a los jefes de las disidencias (...), quienes están tratando de desestabilizar las ciudades de Colombia atacando a los CAI”, señaló.

“Estas acciones no buscan más que afectar la seguridad de los barrios”, comentó el Alto Comisionado de Paz.

Reconocida como la última guerrilla de Colombia, el ELN cuenta con unos 2.300 combatientes y una extensa red urbana de apoyo.

Tras el pacto de paz de 2016 con las FARC, varios grupos de la otrora guerrilla marxista siguieron levantados en armas aunque sin un mando unificado. Las autoridades calculan que serían poco más de dos millares de rebeldes disidentes, con influencia en apartadas zonas del país.