Álvaro Cedeño. 4 noviembre, 2018

Un antiguo maestro sostenía que las empresas son cuasipersonales. Deciden, temen, anhelan, se ilusionan, sufren, se deprimen. Tienen alma, decía un participante en un taller de formación, porque están formadas por personas. Por ejemplo, esta empresa –decía– es empeñosa, generosa, sensible.

La finalidad de todo ser vivo –una empresa es un ser vivo– es la supervivencia. Eso es cierto de un ser humano y es cierto también de una ameba. La ameba que no tuviera los mecanismos para distinguir lo que la hace crecer y lo que la puede hacer morir, tiene las horas contadas. Lo mismo que la empresa que no sabe distinguir lo que le conviene a corto plazo de lo que garantiza su sostenibilidad a largo plazo.

En las últimas semanas, al finalizar el año fiscal, el estado de resultados ha servido de tema de reflexión en las empresas. ¿Queremos otro año igual? ¿Podemos superar los resultados? ¿Cómo los superaremos? Preguntas que serían suficientes si el único objetivo de la empresa fuera maximizar sus ganancias anuales.

¿A qué más podría aspirar una empresa?

Primero, a la sostenibilidad. De poco nos sirve tener un año muy bueno comprometiendo los que siguen. Pero los resultados financieros no deberían ser todo. Las empresas forman parte de un ecosistema. No operan en el vacío. Se benefician de la buena voluntad de sus clientes, de sus colaboradores, de la comunidad. Así que deberían cultivar esa buena voluntad.

Y cuasipersonales como son, deberían aspirar a dejar un legado trascendente. Por ejemplo, a mejorar las reglas de juego éticas y de responsabilidad social que se aplican a la hora de hacer negocios. O a contribuir a mejorar la tecnología de la industria o del país en el cual operan. O a enriquecer la relación colaboradores-empresa, no simplemente mediante lo que se denominaba buenas relaciones humanas, sino contribuyendo al desarrollo personal de los colaboradores y sus familias, lo cual se puede hacer a una baja relación costo-beneficio. O a mejorar la calidad de la dirección que opera en el medio, mediante iniciativas puramente empresariales o mediante alianzas con iniciativas académicas bien fundamentadas.

Interesa descubrir el sentido de la actividad empresarial, el cual, sin duda, va más allá del estado de resultados.