En terminología de Oppenheimer, ya el futuro nos alcanzó. Y se nos adelantará, a menos que logremos ponernos al día. ¿Cómo nos ponemos al día? Innovando. No podemos seguir haciendo lo mismo que en el pasado, para lidiar con un presente tan diferente. ¿Y qué hemos de hacer para innovar? Estantes de libros tratan el tema, así que me parece de más valor, elaborar sobre la pregunta ¿Si no hacemos al menos qué, no innovaremos?
Lo primero es combatir la negación. Es negación decir que así como estamos, estamos bien. Que en el campo al cual nos dedicamos, todo seguirá siendo igual. Claro que primero aparecerán sustitutos de los aparatos de radio, que de las tijeras. Pero ni quien fabrica tijeras puede dormir tranquilo. Tengamos entonces la humildad y el realismo de aceptar que necesitamos poner la innovación entre los asuntos cotidianos a los cuales dedicarles atención.
Podemos hablar mucho de innovación y hasta incorporarlo a la misión de la empresa, pero eso tendrá poca consecuencia. Se avanzará más, si le pedimos a cada uno de los principales ejecutivos de la empresa, que abra un folder, digital o físico, sobre innovación. Ahí irá introduciendo, pensamientos, citas, noticias, referencias, vínculos, preguntas, inquietudes. Vivimos en el tiempo y en el espacio. Si no señalamos un espacio a la innovación, el viento se llevará todos nuestros propósitos.
