Patricia Leitón. 27 enero, 2016
Daniela Delgado y Rafael Solis laboran en Amazon y son parte de los muchos trabajadores que trabajan actualmente en la industria de los servicios. Estos incluyen más de 70 actividades entre las cuales están las telecomunicaciones, la educación y el entretenimiento, entre otras, que representan el 40% de la producción del país. | GRACIELA SOLÍS/ARCHIVO
Daniela Delgado y Rafael Solis laboran en Amazon y son parte de los muchos trabajadores que trabajan actualmente en la industria de los servicios. Estos incluyen más de 70 actividades entre las cuales están las telecomunicaciones, la educación y el entretenimiento, entre otras, que representan el 40% de la producción del país. | GRACIELA SOLÍS/ARCHIVO

El país gira hacia una economía más de servicios, lo cual transforma también la vida de sus habitantes.

El Banco Central reveló ayer que la industria de los servicios pasó de representar un 10% de la producción del país en 1966, a un 28% en 1991 y a un 40% en el 2012 , convirtiéndose en la actividad más importante.

Por otro lado, la agricultura y la manufactura perdieron participación.

Los servicios incluyen 70 actividades, entre las que se encuentran las telecomunicaciones, el apoyo empresarial, como los centros de llamadas o call centers , la educación, ofrecimientos de comida y de esparcimiento, entre otros, según señaló Henry Vargas, director del Departamento de Estadística Macroeconómica del Central.

Los años de los cuales provienen los datos que publicó este martes el Banco Central son los llamados “años base”, con los cuales se ha medido el producto interno bruto (PIB).

Para calcular el PIB se considera la cantidad de bienes y servicios producidos multiplicados por su precio.

Hasta ahora, se estimaba la estructura productiva del país en un año y con base en esta se estimaba el PIB de ese año y los siguientes.

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El primer año base fue 1966, luego se actualizó a 1991 y ahora al 2012. La producción del 2012, medida con la estructura productiva de 1991, era de ¢22.782.000 millones, y con la del 2012 subió a ¢23.317.000 millones, un 2,6% más.

Implicaciones. Este cambio que afronta el país modifica la vida de los trabajadores, quienes ahora deben tener más estudios; por lo tanto, obliga a cambios en la educación y también genera un reto en el cobro de impuestos.

El resultado no sorprende, según el presidente del Banco Central, Olivier Castro, pero ahora la medición es más exacta.

Algunos creen que el país se preparó y otros que falta camino.

El exministro de Educación y economista, Leonardo Garnier, opinó que la educación se ha adaptado, lo cual se ve en la transformación que han experimentado los programas de educación técnica de ese despacho y en la diversificación de las carreras universitarias.

“Los cambios que vemos en el PIB y en el mercado laboral hacen que los empleos técnicos, calificados y de puestos de dirección (y en particular en el sector servicios) requieran como mínimo una secundaria completa y algo más (educación técnica, idiomas, informática, etc.)”, opinó Garnier.

No obstante, Costa Rica arrastra el problema de que poco más de la fuerza laboral actual ni siquiera terminó el colegio, por lo que su posibilidad de acceder a empleos calificados y bien remunerados es muy baja, añadió.

Jorge Vargas, coordinador del Programa Estado de la Nación, aseveró que existe una heterogeneidad muy grande en los servicios; algunos son de alta productividad, pero otros de baja.

“Nosotros tenemos servicios de altísima productividad (...), pero también tenemos áreas extensas con servicios de bajísima productividad (...) y para apostarles a los que realmente nos interesa, vamos a tener que hacer ese esfuerzo de inversión extranjera específica, encadenar al parque empresarial a ese tipo de servicios y a las cadenas de valor internacionales cambiar el perfil de la mano de obra”, sentenció.