26 agosto, 2006

Natalia Kidd

Buenos Aires, 26 ago (EFE).- Floreció a finales del siglo XIX en los barrios paupérrimos de Buenos Aires, pero el tango es hoy no sólo una marca de identidad para la capital argentina sino un motor de millonarios negocios que crecen al compás de la oleada turística.

"Cuando a veces oís 'La Cumparsita', yo sé cómo palpita tu cuore (corazón) al recordar que un día lo bailaste de lengue (pañuelo al cuello) y sin un mango (dinero) y ahora el mismo tango bailás hecho un bacán (adinerado)", canta el tango "Bailarín compadrito".

La letra, obra del compositor argentino Miguel Bucino (1905-1973), ilustra bastante bien cómo este género pasó de ser una desdeñable música de baja estofa a considerarse en los albores del siglo XXI un símbolo de refinada sofisticación.

El tango se ha convertido en una verdadera "industria cultural" que abarca desde discos, tonos de llamada e indumentaria, hasta espectáculos, medios de comunicación, clases de danza, restaurantes y hoteles.

Según distintas fuentes públicas y privadas consultadas por Efe, el negocio del tango mueve en todo el mundo unos 3.000 millones de dólares anuales, aunque de esa cifra sólo un 10 por ciento se genera en Argentina.

"Ese porcentaje es poco, pero pronto captaremos un 25 por ciento, sobre todo a medida que crezca el turismo. El hecho de que seamos el tercer país más barato del mundo influye de una manera radical en este negocio", dice Gabino Videla, de Darcos, una firma argentina que desde hace tres años fabrica calzado para tango.

Videla relata que en pocos años hubo una verdadera "explosión" en la que el tango "saltó a las clases media y alta", principalmente jóvenes, que por 60 dólares compran zapatos para bailar, flexibles y con suela que evita resbalones.

El fenómeno no es menor para Buenos Aires, donde el tango es el principal producto vendido por los operadores turísticos a los extranjeros que visitan la ciudad, algo más de dos millones por año.

La ciudad es sede del Festival Internacional del Tango, que en su octava edición, en marzo pasado, acogió a 175.000 personas, y del Campeonato Mundial del Tango, cuya cuarta edición se celebra por estos días.

El año pasado, al mundial asistieron 50.000 personas, 72 por ciento de ellas extranjeras, con un gasto promedio diario de unos cien dólares, por lo que los organizadores añaden al certamen una feria de venta de productos alegóricos.

Entre la treintena de expositores está "Mimí Pinzón", marca de vestidos de alta costura para bailar tango creada por la bailarina Viviana Laguzzi y cuyo sello es la sensualidad y la elegancia.

"Al principio era todo a pulmón. Por suerte mucha juventud se volcó al tango y eso hace también que vaya creciendo el negocio", dice Viviana Regalía, coordinadora de la firma que ofrece vestidos desde 130 dólares.

Los más coquetos tienen hasta joyas para lucirse en una de las setenta "milongas" o salones para bailar al ritmo del "2 x 4" que funcionan cada noche en Buenos Aires.

"Nos inspiramos en el tango y creamos una colección de platería que va desde gemelos para bailarines hasta aros o brazaletes que reproducen un zapato de tango o una pareja de baile. Van desde 5 a 50 dólares si la pieza está bañada en oro o tiene piedras semipreciosas", cuenta Lucía Martínez, de Tanguearte Buenos Aires.

La oferta se extiende a los diez sellos discográficos que editan tango, una veintena de revistas sobre el género, varios sitios de internet, una radio y una señal de televisión que durante las 24 horas emiten programación de tango.

Para los fanáticos hay en Buenos Aires hoteles temáticos, treinta escuelas de baile, nueve museos dedicados al tango, musicales en la mítica avenida Corrientes y una quincena de casas de tango en las que se puede cenar y disfrutar un espectáculo por unos 60 dólares por persona.

Por lo demás, los festivales -hay unos cuarenta en todo el mundo- son una estupenda vidriera para Argentina. Por ejemplo, en el último Festival de Tango de EEUU, Argentina aprovechó para promocionar sus vinos y carnes, otros productos característicos del país suramericano. EFE

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(con fotografía)