1 mayo, 2005

Miami, 1 may (EFE).- La celebración del Primero de Mayo en América Latina pasó hoy de marchas multitudinarias llenas de reclamos sociales en unos países, a una total indiferencia en otros.

En Ecuador, más de 10.000 obreros desfilaron por las calles de Quito gritando consignas contra el Gobierno del nuevo presidente, Alfredo Palacio, el Congreso y los partidos políticos, a los que responsabilizan de casi todos los problemas que sufre el país.

"Fuera Palacio, fuera el Congreso, fuera todos", señalaba una enorme pancarta llevada por los trabajadores, que también rechazaron el Tratado de Libre Comercio que negocia Ecuador con Estados Unidos.

La crítica a los dirigentes tradicionales quedó clara en la asistencia de apenas unas 250 personas a la concentración del Frente Unitario de Trabajadores (FUT), la mayor central obrera del país.

En Brasil, donde el Día del Trabajo es una fiesta, las dos mayores agrupaciones obreras, la Central Unica de Trabajadores (CUT) y Forza Sindical, concentraron sus celebraciones en el corazón económico del país, Sao Paulo, con sendos actos festivos a los que asistieron centenares de miles de personas.

Forza Sindical, crítica del presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo haber congregado a cerca de 1,2 millones de personas en la plaza Campos de Bagatelle, en una fiesta en la que actuaron más de 20 artistas y en la que se pidió la reducción de la jornada laboral, menos impuestos y una reforma sindical.

En Cuba, el presidente Fidel Castro, ante 1,3 millones de personas reunidas en la Plaza de la Revolución de La Habana, volvió a cargar contra Estados Unidos por la supuesta presencia en ese país del anticastrista Luis Posada Carriles.

Castro también atacó "la doctrina nazi del ataque preventivo contra cualquier rincón del mundo" impulsada por EEUU con el pretexto de luchar contra el terrorismo, y la insistencia de Washington de incluir a la isla en el llamado "eje del mal".

En México, varios miles de sindicalistas se manifestaron en cinco marchas distintas en el centro de la capital para exigir mejores condiciones laborales.

La manifestación considerada oficial, organizada por el Congreso del Trabajo y que según la policía reunió a unos 40.000 trabajadores, exigió al Gobierno reactivar la economía para combatir la pobreza que afecta a la mitad de la población.

En Argentina, las movilizaciones de protesta y los reclamos por mejoras salariales se combinaron con festivales artísticos y muestras de artesanías.

Los manifestantes reclamaron mejoras salariales, la universalización de los planes sociales, el aumento de las pensiones por jubilación y la reducción de la jornada laboral a seis horas.

En Chile, en un masivo acto que congregó a más de 50.000 personas en Santiago, los trabajadores pidieron un país justo con más igualdad social.

En Nicaragua, los trabajadores celebraron divididos en dos concentraciones el Día del Trabajo, una encabezada por el presidente Enrique Bolaños y la otra por el dirigente sandinista Tomás Borge.

Mientras Bolaños acusó a los sandinistas de "saqueadores de bancos que hicieron retroceder al país en 50 años", éstos dijeron que no tienen la culpa de "la miseria, la pobreza extrema, la mortalidad infantil, la desnudez y la falta de empleo" en el país.

En Bolivia, las marchas sindicales estuvieron signadas por la demanda de la nacionalización de los campos de gas y petróleo, aunque la mayor, en la Paz, no superó los 5.000 asistentes.

En Panamá, miles de trabajadores pidieron que las futuras reformas a la Caja del Seguro Social no perjudiquen a los asalariados, un aumento del salario mínimo y condenaron en las instituciones públicas, sobre todo en la Corte Suprema de Justicia.

Finalmente, los diferentes Tratados de Libre Comercio que negocia la región o firmados ya con Estados Unidos fueron el centro de las críticas en las manifestaciones llevadas a cabo en Colombia, la República Dominicana, Costa Rica, Guatemala, Honduras y El Salvador. EFE

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