Marvin Barquero. 4 septiembre

(Video) Pionero narra el origen de Coopedota

Santa María de Dota. Desde Santa María la calle se enfila por un poco más de tres kilómetros, por caminos escarpados y fuertes pendientes, subiendo los cerros que se observan desde el valle donde está la capital de este cantón, al sureste de San José.

En el trayecto se sube de 1.200 a 1.800 metros sobre el nivel del mar para llegar a la finca cafetalera Santa Teresa, donde Milo (Jorge Ureña Zúñiga) lo recibe en una cabaña con varios dormitorios, donde el visitante podrá degustar la comida tradicional, o la que más le guste –preparada en cocina de leña–, y podrá recorrer distintos senderos.

La finca Santa Teresa ya no solo es un cafetal de alto rendimiento y con grano de muy alta calidad sino que se adentró, adicionalmente, en el turismo, con la hotelería, la gastronomía y los tour incluidos. Ahora explota su riqueza natural con una zona boscosa, especies de animales de diversa índole, gran vista hacia el valle de Los Santos y otros sitios y promueve la gastronomía.

Milo, un cafetalero tradicional de la zona, que heredó las fincas de sus abuelos, se mantiene dirigiendo la actividad productiva del café, y su hijo, primero, y su esposa, posteriormente, se encargaron de dar cabida al turismo.

Santa Teresa es solo uno de los ejemplos, ya concretos, de lo que se ha estado impulsando en el cantón de Dota para fortalecer su café reconocido por su alta calidad, en especial con estrategias para darle más valor agregado, y también incluir actividades productivas complementarias –la zona tiene condiciones muy aptas para el turismo–.

El cafetal de Jorge Mena (camisa celeste, a la derecha), en barrio Las Nubes, en Dota, produjo 70 fanegas por hectárea en la cosecha pasada, mientras el promedio nacional es de 21 fanegas por hectárea. A su lado, Jorge Adrián Ureña, ingeniero de Coopedota. Fotografia: Graciela Solís
El cafetal de Jorge Mena (camisa celeste, a la derecha), en barrio Las Nubes, en Dota, produjo 70 fanegas por hectárea en la cosecha pasada, mientras el promedio nacional es de 21 fanegas por hectárea. A su lado, Jorge Adrián Ureña, ingeniero de Coopedota. Fotografia: Graciela Solís

Dota, el cantón 17 de la provincia de San José, tiene una economía totalmente basada en el café desde hace más de 60 años. Es parte de la zona de Los Santos (junto con San Marcos de Tarrazú y San Pablo de León Cortés), región reconocida local e internacionalmente por la muy alta calidad de su café. En la cosecha pasada, 2017-2018, solo la cooperativa Coopedota procesó más de 70.000 fanegas en fruta (corresponden a igual cantidad de quintales o sacos de 46 kilos de café beneficiado). Está entre los 10 principales cantones productores de ese grano en Costa Rica, según los datos de Instituto del Café de Costa Rica (Icafé).

Tierras, condiciones propicias (clima, temperatura, altitud, aguas), un grano reconocido como fino, productores con cultura de café, mano de obra preparada mediante una carrera en el colegio (Colegio Técnico Profesional José Daniel Flores Zavaleta), una marca que ya es conocida, un sistema de cafeterías y el prestigio local e internacional respaldan este relanzamiento de la actividad en un cantón eminentemente cafetalero, afirman sus impulsores, un grupo de jóvenes gerentes y miembros del Consejo de Administración de la cooperativa Coopedota.

También cuentan con certificaciones internacionales de carbono neutralidad y de Rainforest Alliance (esta para algunas fincas individuales).

Los dirigentes pusieron en marcha ese plan que incluye el relanzamiento de las marcas para mercado local (Quetzal para el segmento convencional, Hermosa y Dota Fresh para el mercado medio y Reserva Especial para el gourmet), el sistema de las cafeterías se extenderá mediante el esquema de franquicias a partir del 2020 –primero localmente y luego internacionalmente–, se fortalecerá la formación de los jóvenes y se impulsarán actividades complementarias.

Esas metas son conjuntas con los planes de mejoramiento de la productividad y la calidad del café, en lo cuales es fundamental apoyar la asistencia o atención a la plantaciones y evitar que los productores cultiven variedades que demeriten la calidad del grano de la zona.

Nueva inyección

Esta nueva proyección fue lanzada y está en manos de las nuevas gerencias y del Consejo de Administración, donde están jóvenes emprendedores de la zona que pretenden cultivar sus ideas tanto en proyectos individuales como en Coopedota, de la cual dependen 900 asociados y alrededor de 8.000 personas, prácticamente la totalidad de la población del cantón.

Por eso y sentado en la terraza de la cafetería de Coopedota, en Santa María, el gerente general, Luis Madrigal, se entusiasma al hablar de los proyectos. Según Madrigal, la caficultura en Dota está en una etapa de amenaza, aunque no en crisis todavía. Eso lo determinan los bajos precios de la actividad y la dependencia casi total de los comercializadores. Al cierre de este lunes 3 de setiembre en la Bolsa de Nueva York, principal mercado de referencia, el quintal (46 kilos) cerró en $101,80, mientras el costo de producción en Costa Rica por esa unidad está cercano a los $120, según el sector.

En Dota, la alta calidad permite una diferenciación de precios –Costa Rica coloca arriba del 70% del café en mercados diferenciados–, lo cual ayuda a la sobrevivencia de los productores.

“Si no hacemos nada hoy, en un futuro cercano habrá problemas. Ya hay ejemplos en el mundo, en el eje cafetalero de Colombia y en Alemania, donde se han desarrollado programas de mejoramiento y diversificación sobre la base del producto principal de cada zona”, explica Madrigal tras haber viajado a conocer tales desarrollos.

Al eje cafetalero de Colombia llevará a productores del cantón, afiliados a Coopedota, para que conozcan el programa de esa región y sean promotores del cambio en el cantón costarricense.

La directora comercial, Monserrat Hernández, con 30 años, y la presidenta del Consejo de Administración, de 23 años, Catalina Solís, acompañan a Madrigal y al resto del Consejo en la aventura de concretar el ambicioso proyecto. Ellas representan la cuarta y tercera generación de cafetaleros de sus familias, siempre ligadas, como todo el cantón, a la actividad.

No es de extrañar que Hernández sueñe al hacer una presentación del proyecto. El mercado actual presenta unan gran oprtunidad, dice, pero se debe aprovechar con diferenciación, diversificación y valor agregado.

Por eso, este diciembre se relanzará, con nuevo empaque y presentación la marca Quetzal. Para el primer trimestre del 2019 pasará lo mismo con la aparición o relanzamiento de las marcas Hermosa, Dota Fresh y Dotarrazú. Y seguirá Reserva, una marca gourmet procedente de microlotes de muy alta calidad.

Las marcas de café de la cooperativa ya están en la cadena de supermercados Walmart y se pretende fortalecer su presencia en esos negocios.

Se trabaja también en la remodelación de la cafetería en la cabecera del cantón, como primer paso hacia la modernización y lanzamiento de las franquicias. La idea de los gerentes y del consejo de administración es exprimentar con este proyecto a escala local y luego lanzarlo en el plano internacional.

También se realizarán programas para fortalecer el actual tour cafetalero que se realiza en la finca de la empresa.

Esto se realizará paralelamente con la colocación internacional del café oro (en grano descascarado), donde la cooperativa tiene clientes fijos desde hace 20 años y mercado en el cual logra colocar un 33% de las exportaciones a cotizaciones por encima de la bolsa, explicó Madrigal.

En tanto, desde la cosecha pasada se puso en marcha la diferenciación del café en fruta por tres calidades: convencional, doble a (AA) y triple a (AAA). Esta categorización fue inscrita en el Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) y premia con mejor precios a los que se certifiquen mediante un proceso en la cooperativa. Por ejemplo, los AAA tienen requisitos de altura dela finca, café totalmente maduro, ausencia total de broca (insecto que ataca el grano), todo lo cual crea el origen de lotes especilizados.

Mejoramiento del grano
Óscar Solís tiene hoy 86 años y conserva fresco el recuerdo de cuando 19 pioneros se juntaron para comprar un beneficio de café del Banco Nacional y fundar Coopedota, el 14 de octubre de 1960. Foto: Graciela Solís
Óscar Solís tiene hoy 86 años y conserva fresco el recuerdo de cuando 19 pioneros se juntaron para comprar un beneficio de café del Banco Nacional y fundar Coopedota, el 14 de octubre de 1960. Foto: Graciela Solís

Hoy, a sus 86 años, Óscar Solís dice que no tenía ni idea de lo que iba a ser actualmente Coopedota, al recordar cómo a finales de 1960 se unió a un grupo de pioneros para concretar el proyecto. El día clave fue el 14 de octubre de 1960, luego de que 19 cafetaleros recogieron ¢19.000 y consiguieron un préstamo de ¢116.000 para comprar el beneficio que estaba en manos del Banco Nacional.

“El que cogía más, pagaba más; era un tiempo en el cual éramos pobres”, recordó don Óscar, sentado en el corredor de su actual casa, en Santa María.

También eran otros tiempos para la actividad cafetalera. En el cafetal de don Óscar, recordó el pionero, se recogían un poco más de siete fanegas por hectárea. Era cuando la actividad cafetalera se desarrollaba aún sin tecnología y con poca asistencia.

Con razón don Óscar no tenía ni idea de lo que es esa actividad económica actualmente en el cantón y en general en la región de Los Santos.

Cuando apenas se comienza a subir la pendiente de los cerros, área cubierta toda de plantas de café, encontramos la finca de 12.000 metros cuadrados de café de Jorge Mena, quien se pensionó hace pocos años tras laborar en el Banco Nacional. Ahora tiene tiempo para dedicarse de lleno al cafetal.

Los resultados parecen increíbles. En la cosecha pasada (2017-2018) logró un rendimiento de 70 fanegas en fruta por hectárea, mientras el promedio nacional de Costa Rica es de 21 fanegas por hectárea.

“¿Qué hago diferente en la finca? Pues nada especial con respecto a los demás, a no ser que cuido las plantas como si fueran hijos, al estilo, a la forma de trabajar de antes”, señaló el productor ante la pregunta. Mena dijo que aprendió al lado de su padre, Marcelino, también productor de arraigo en la zona.

El ingeniero de Coopedota, Jorge Adrián Ureña, acude y complementa: se hacen análisis foliares (hojas) y de suelo especiales para determinar qué tipo de fertilizantes requiere la plantación. Los cambios han dados resultados excelentes, la finca es certificada triple A y, por tanto, se le da asistencia mediante un manejo estratégico".

El gerente general de Coopedota, Luis Madrigal, dice que quiere predicar con ejemplos, en su plan para mejorar la caficultura del cantón, darle más valor agregado y diversificar en las fincas. Por eso, el cafetal de Mena es uno de esos ejemplos concretos de como se pasó de siete fanegas por hectárea a superar casi cuatro veces el promedio nacional en un cafetal modelo pero no en un ensayo sino en plena actividad comercial.