Salud

Costa Rica confirma presencia de ‘subvariante’ de ómicron potencialmente más transmisible

Es un sublinaje llamado BA.2, que no ha mostrado ser más grave ni restarle efectividad a las vacunas, se detectó en seis hombres y tres mujeres en cinco provincias

Costa Rica detectó la presencia de un sublinaje potencialmente más transmisible de la variante ómicron del virus SARS-CoV-2, causante de la covid-19. Esta “subvariante” se denomina BA.2 y ha estado en estudio en el mundo desde su hallazgo en Gran Bretaña, a mediados de enero pasado.

El Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa), ente que lidera el análisis genómico del virus, indicó la mañana de este miércoles que esta variante se halló en nueve personas, seis hombres y tres mujeres entre los 2 y los 61 años, residentes en las provincias de Limón, Cartago, Heredia, San José y Alajuela. A estos pacientes se les diagnosticó la enfermedad entre el 25 de enero y el 15 de febrero.

Siete de estas personas presentaban síntomas al momento de la toma de muestra y dos de ellos requirieron hospitalización en los servicios de salón general y emergencias.

La variante ómicron tiene los sublinajes BA.1, BA.1.1, BA.2, descrito recientemente en Costa Rica, y BA.3, menos común a nivel mundial. De BA1.1 se han encontrado 572 secuencias y constituye la más común, seguida de BA.1, con 234.

En el mundo, BA.1 sigue contando como el que reúne el 98,8% de los casos de esta variante. Sin embargo, el crecimiento de la BA.2 permanece constante y se reporta en 57 países. En Dinamarca esta es la “subvariante” más común.

El Inciensa apuntó que estudios preliminares sugieren que el sublinaje BA.2 tiene una mayor tasa de crecimiento en comparación con BA.1 y que puede ser 1,5 veces más transmisible. Por ello, está en investigación a nivel mundial y su aparición debe reportarse ante los organismos internacionales.

Sin embargo, estas primeras evaluaciones comparativas entre BA.1 y BA.2 no sugieren diferencias en la efectividad de la vacuna ni en el riesgo de ingresos hospitalarios o de síntomas de mayor gravedad.

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En Reino Unido algunos investigadores bautizaron a esta “subvariante” como “ómicron sigilosa”, apodo con el se le sigue conociendo en varios países. ¿Por qué? Esto se debe a la forma en la que esta llega a “escabullirse” de algunos tests para identificar a qué variante pertenece cada muestra.

Una de las características que tiene la “versión original” de la variante ómicron es que no tiene un gen específico que detectan las pruebas de PCR. Entonces, cuando las PCR veían un resultado positivo sin este gen se daba casi por un hecho que se trataba de un caso de ómicron.

Precisamente, cuando los encargados del análisis genómico en Costa Rica reciben muestras, lo primero que hacen es buscar ese gen, si no se encuentra, las probabilidades de que corresponda a la variante ómicron son muy altas. Posteriormente, se hace un estudio gen por gen en busca de las mutaciones.

Sin embargo, esto cambió con la BA.2, pues esta sí tiene dicho gen, entonces sí aparece en las pruebas PCR. Este gen sería una especie de “disfraz” que ómicron utilizaría para escaparse de esta prueba diagnóstica. La única forma que se tendría para averiguar si se trata de esta variante es con análisis genómico completo (escudriñar gen por gen buscando mutaciones características). Por esto, se afirma que BA.2 se cuela “sigilosamente” en las poblaciones.

Esto no quiere decir que alguien con “ómicron sigilosa” dé negativo a su prueba diagnóstica. La efectividad del test se mantiene, la persona siempre verá un test positivo, el cambio se da en que no será tan fácil determinar de cuál variante se trata, pero la eficacia para decir que alguien tiene covid-19 es la misma.

Casi todas las variantes virales anteriores del SARS-CoV-2 han generado subvariantes, porque es parte de su misma naturaleza. En el caso de delta, por ejemplo, en octubre pasado la ciencia siguió de cerca una a la que se le bautizó popularmente como “delta plus”, la cual tenía mutaciones diferentes a las vistas en la versión “original de delta”.

“Esto es parte de la evolución normal del virus. Estos no dejan de mutar. Ya son una variante, sí, pero las variantes siguen mutando, y hay nuevas variaciones dentro de cada variante. Se monitorea para ver si alguno de esos subgrupos cambia el comportamiento”, explicó en referencia al delta plus José Arturo Molina, investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR) y miembro del equipo que realiza los análisis genómicos del SARS-CoV-2 en nuestro país.

Shay Fleishon, biólogo israelí especializado en Biotecnología, indicó que la ómicron sigilosa sí comparte 32 mutaciones con la BA.1, pero que tiene 28 mutaciones únicas en ella. Este número es mayor que el que hizo que alfa, beta o gamma fueran variantes por sí mismas.

Sin embargo, un número mayor de mutaciones no necesariamente quiere decir que estas subvariantes vayan a tener comportamientos distintos en cuanto a rapidez de propagación, severidad, letalidad o formas de transmitirse. De momento, solo se ha comprobado un mayor potencial de transmisión, pero no se han visto cambios en la variedad de síntomas, en su severidad o en la letalidad.

Desde el 9 de enero, este estudio genético solo encuentra ómicron. La búsqueda gen por gen no ha vuelto a dar con otras variantes como delta, alfa o gamma, que fueron muy comunes en el territorio costarricense. Este análisis se hace en un número inferior al 1% de los casos confirmados.

Este análisis genético ha confirmado 815 casos de esta variante en los 82 cantones del país. Los pacientes son 399 hombres y 416 mujeres, con edades entre un mes de nacido y los 100 años. De ellos, 705 tuvieron síntomas al momento de la toma de la muestra y 110 no. Dentro de los síntomas más comunes se reportaron fiebre, tos, dolor de cabeza, dolor muscular y de articulaciones, rinorrea (secreción nasal) y dolor de garganta.

Además, se obtuvieron 64 secuencias de pacientes que se encontraban hospitalizados al momento de la toma de muestra. Ómicron también se ha reportado en nueve personas fallecidas.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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