AFP . 12 diciembre, 2020
La Araucanía chilena podrá disfrutar este lunes de un eclipse total de sol. Esta composición fotográfica recuerda un fenómeno similar ocurrido en Malasia el 26 de diciembre del 2019. Foto AFP
La Araucanía chilena podrá disfrutar este lunes de un eclipse total de sol. Esta composición fotográfica recuerda un fenómeno similar ocurrido en Malasia el 26 de diciembre del 2019. Foto AFP

El eclipse total de Sol que ocurrirá el próximo lunes en la región sureña de La Araucanía, donde viven la mayoría de las comunidades mapuches en Chile, será una oportunidad única para los científicos de observar el universo, aunque en la cosmovisión indígena representa “la muerte temporal del Sol”.

El fenómeno “parte en la mitad del Pacífico y termina en el Atlántico, cerca de las costas de África. Chile está justo en la mitad, donde se produce la mayor duración”, explicó a la AFP el astrónomo de la Universidad Católica, Felipe Barrientos.

El eclipse total, el segundo apreciable en Chile tras el registrado el año pasado en el norte del país, ocurrirá a las 13H00 locales (16H00 GMT) del lunes, cuando la órbita de la Luna alrededor de la Tierra coincida con la de la Tierra en torno al Sol, haciendo que su luz desaparezca y se haga de noche al mediodía.

La umbra o zona de total oscuridad cubrirá una franja de unos 90 km de norte a sur, sobre las ciudades de Villarrica y Pucón, en la región de La Araucanía, unos 800 km al sur de Santiago. El fenómeno también será visible en el sur de Argentina.

El eclipse total tendrá una duración máxima de dos minutos y nueve segundos. En esos momentos de oscuridad, físicos y astrónomos de todo el mundo tendrán una oportunidad única para observar objetos que sólo pueden verse en esas circunstancias.

"La maravilla de que se convierta el día a noche de golpe, si se está en la totalidad (del eclipse), es la posibilidad de ver partes del Sol que habitualmente no veríamos, como la corona", indicó a la AFP el integrante del departamento de Astronomía de la Universidad Católica, Simón Ángel.

La corona es una capa gaseosa inapreciable en otro momento y cuya temperatura (cerca de un millón de grados Celsius) es mucho mayor que la del interior de la estrella, algo para que los científicos aún no tiene respuesta.

"El misterio es saber cuál es el mecanismo físico que hace que tenga una temperatura tan alta (respecto a) las capas más bajas", explicó Ángel.

También habrá oportunidad de observar planetas como Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno; estrellas brillantes cercanas al Sol como Antares, que suelen quedar invisibles por la propia luz del Sol, e incluso un cometa que viaja cerca de la estrella del Sistema Solar.

"Los cambios ocurren con mucho más contraste y nos aprovechamos de eso para ver qué está pasando. Mientras más violento sea un cambio en un sistema, mayores posibilidades vamos a tener de estudiar qué está pasando", afirmó el experto.

Sabiduría ancestral

Durante los más de 12.400 años de existencia de los indígenas mapuche, los primeros habitantes de Chile y Argentina, los eclipses totales de sol han sido percibidos como un generador de cambios a corto y largo plazo. En mapuzungún, o lengua mapuche, el eclipse o "lan antü" significa "el Sol temporalmente muerto", explicó a la AFP el sabio mapuche Juan Ñanculef.

La observación como medio de aprendizaje de la cultura en este pueblo originario les llevó a concluir, según Ñanculef, que “antes y después” de la ocurrencia de eclipses totales de sol “habían señales en la tierra, como la seca de las quilas y los colihues (subespecies de la familia del bambú autóctonas del sur de Chile)”.

"Habían observado que después de un Sol que se tapa se vienen conflictos sociales, escasez; la tierra produce menos, no salen bien las semillas, se debilita la tierra", señaló el sabio, según la visión "histórica y milenaria mapuche".

Ñanculef explica que este pueblo, al igual que los griegos, "creía que el Sol estaba siendo atacado por monstruos del cosmos". Para ellos, el "wekufü" ("fuerza maligna") atacaba al Sol y trataba de apagarlo.

“Hacían fogatas, quemaban árboles naturales como el canelo, laurel o boldo, para ayudar al Sol a dar la pelea. También empezaban a tirar piedras y flechas hacia arriba. Cuando el Sol volvía a alumbrar, se alegraban porque el Sol había ganado”, concluyó Ñanculef.