Posverdades

Guerra civil, la violenta creencia que Donald Trump intenta aprovechar

La idea de grupos extremos de diferentes tipos como supremacistas blancos, cristianos fundamentalistas, “patriotas” y otros ha empezado a tomar fuerza durante el gobierno de Donald Trump

La policía en Atlanta recientemente despidió a dos policías que accidentalmente se grabaron a sí mismos mientras hablaban sobre la guerra civil que ellos creen se aproxima en Estados Unidos. “Vamos a salir y masacrar (término ofensivo) negros. Quiero que sea ya. Dios, quiero que sea ya”, dijo uno de ellos.

La idea de una guerra civil existe desde hace años entre miembros de grupos extremos de diferentes tipos como supremacistas blancos, cristianos fundamentalistas, “patriotas” y otros. Sin embargo, ha empezado a tomar fuerza durante el gobierno de Donald Trump.

Por décadas, una parte de la población estadounidense ha acumulado frustraciones con cambios que se han dado en Estados Unidos, particularmente reivindicaciones para personas negras, mujeres, y LGTB, así como la llegada de masas de inmigrantes.

Tales cambios han reducido (y a la vez son resultado del debilitamiento de) la hegemonía cultural patriarcal, cristiana y blanca que ha dominado ese país desde su fundación,  y que ciertos grupos dentro de esa población quieren recuperar por las buenas o las malas.

La presidencia de Trump responde precisamente a las frustraciones de esa población y, por tanto, ha dependido de una retórica que incita a la división, la confrontación y el resentimiento.

Conforme los estudios de opinión sugieren que hay una posibilidad real de que Trump pierda las elecciones en noviembre, su estrategia ha sido alimentar la creencia de esos grupos de que la violencia será necesaria para “defender” su reelección y el regreso al Estados Unidos de antes.

El caso más reciente ocurrió durante el debate de esta semana, cuando Trump se negó a condenar a los grupos supremacistas y, además, instó a uno de ellos a estar en guardia ante el fraude que, según Trump, es la única forma de que él pierda la elección.

Un día después, bajo presión pública, Trump intentó suavizar lo dicho, pero el grupo supremacista en cuestión (Proud Boys, un grupo de odio contra mujeres, negros y judíos) lo interpretó como un llamado a estar listos para usar las armas.

Algo similar ocurrió el año pasado cuando se inició el juicio político en su contra y Trump tuiteó las palabras de un pastor evangélico, según el cual remover al presidente sería causa para una guerra civil o similar.

Usar las armas es algo para lo que Proud Boys y muchos otros grupos han venido preparándose, bajo la creencia de que tarde o temprano habrá una guerra civil en la que se decidirá qué rumbo toma el país. La creencia en teorías de conspiración son muy populares entre esos grupos y es parte de la narrativa que Trump utiliza para mantenerlos activos.

Guerrillas y “guerras santas”

La visión de estos grupos paramilitares corresponde más a una guerrilla de milicias disímiles que a una guerra civil propiamente dicha, pero ellos lo ven como una guerra civil – o una “guerra santa”, en el caso de grupos armados cristianos.

Por ejemplo, tras el tweet the Trump sobre una guerra civil mencionado arriba, el grupo armado Oath Keepers respondió ofreciendo intervenir en donde Trump se los pidiera.

Se trata de una milicia creada en 2009 por un exmilitar y abogado libertario que ha recrutado miles de miembros policías, soldados y veteranos en muchos estados, según una investigación de la revista The Atlantic.

El grupo es una versión renovada del movimiento de milicias “patriotas” de décadas pasadas, opuesto a un gobierno federal interventor. Según ellos, su misión es hacer cumplir la ley, según la interpretación que ellos dan a la ley.

Han enviado miembros armados a “proteger” los eventos de campaña de Trump, enfrentado inmigrantes en la frontera (cuando Trump usó el término “invasión” para referirse al ingreso de inmigrantes centroamericanos), y colocado francotiradores en ciudades donde hay protestas.

Entre grupos armados cristianos se puede mencionar, por ejemplo, Team Rugged, el cual entrena muchachos jóvenes en desarrollar “carácter de hombre”, que al parecer consiste en el uso de las armas para imponer leyes bíblicas a la sociedad.

Con el apoyo de un congresista del estado de Washington, el entrenamiento incluye normas bíblicas de guerra. Según estas, por ejemplo, antes de atacar una ciudad, se le debe dar oportunidad de vivir según leyes bíblicas. Si no se rinden, se debe matar a todos los hombres (no menciona la suerte de las mujeres, pero queda claro que asumen obligarlas a vivir como en tiempos bíblicos, en los que las mujeres en general no tenían derechos).

El principal objetivo de este grupo es estar listos para, cuando haya una guerra civil, tomar varios estados por la fuerza y convertirlos en un nuevo territorio regido por leyes bíblicas.

La lista de grupos armados es extensa y sus objetivos, “ideologías” y métodos diversos. Conforme se acercan las elecciones, grupos paramilitares han empezado a hacerse ver armados en más lugares. Otros grupos, por ahora desarmados, han empezado a llegar a centros de votación a intimidar a los votantes (en algunos lugares la gente ya ha empezado a votar).

Trump ha dejado claro que para él la única elección aceptable es una a su favor y que esclarecer quién es el ganador podría tardar semanas o meses, durante los cuales se teme violencia callejera que podría ser amplificada por la intervención de grupos armados comandados directa o indirectamente por Trump.

Algunos creen que la retórica de Trump solo busca infundir miedo. Otros creen que realmente está dispuesto a usar violencia callejera si ello incrementa sus posibilidades de quedarse en el poder.

Es dudoso – aunque no imposible – que las demás instituciones democráticas vayan a permitir que un lado u otro se “robe” la elección.

La pregunta es cuánta violencia, erosión de la confianza en el sistema democrático e inestabilidad nacional Trump está dispuesto a causar si los resultados no son los que quiere.

Hazel Feigenblatt

Hazel Feigenblatt

Periodista y consultora en gobierno abierto, está haciendo un Doctorado en Estudios de Periodismo en la Universidad de Maryland, fue Directora General en Global Integrity, en Washington DC, periodista de investigación de La Nación, y ha ganado el premio nacional de periodismo Jorge Vargas Gené en tres ocasiones.

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