Laura Ávila. 10 marzo

A los 22 años, Hugo Valverde estaba decidido a dar el gran salto: dejar atrás los pasillos de la Shepherd School of Music, en Rice University, para ingresar a una orquesta profesional. Tras meses de preparación con el aclamado cornista William VerMeulen, el costarricense logró destacar en cuatro audiciones profesionales.

La primera prueba fue en la Florida Orchestra, donde pudo llegar a la final; después vino la audición en The Phoenix Symphony y avanzó a semifinales; luego impresionó al jurado de la Sarasota Orchestra y logró ganar su primera audición.

Ese triunfo no lo detuvo y continuó con un reto más grande: la audición en The Met Orchestra, intenso examen que logró superar tras competir contra otros 55 cornistas.

Actualmente, el costarricense es el miembro más joven de esta afamada orquesta y sus días transcurren en The Metropolitan Opera, en Nueva York, uno de los teatros de ópera más importantes de la escena internacional.

Atrás quedaron los años de estudio en la Escuela de Barva y el Instituto Nacional de la Música,en las que estudió por varios años, hoy Valverde se consagra como uno de los músicos costarricenses de mayor proyeccióninternacional. Foto: Pedro Díaz Cosme, integrante de la Met Orchestra y fotógrafo.
Atrás quedaron los años de estudio en la Escuela de Barva y el Instituto Nacional de la Música,en las que estudió por varios años, hoy Valverde se consagra como uno de los músicos costarricenses de mayor proyeccióninternacional. Foto: Pedro Díaz Cosme, integrante de la Met Orchestra y fotógrafo.

Su debut como segundo cornista de The Met Orchestra lo hizo con Die Zauberflöte, de Wolfgang Amadeus Mozart, obra en la que tuvo la oportunidad de trabajar con el legendario director James Levine.

Hoy, a poco más de dos meses de que finalice su primera temporada en el Met, el costarricense ya sabe lo que es ensayar cuatro óperas a la semana o dedicar 70 horas de su vida para interpretar Parsifal de Richard Wagner.

Con este triunfo, Valverde logró uno de sus sueños de infancia: tocar en una orquesta sinfónica. De niño comenzó sus estudios en la Escuela de Música de Barva y su pasión era constante, tanto así que en su habitación siempre tenía láminas para memorizar los nombres de los instrumentos.

Atrás quedaron los años de estudio en Barva y el Instituto Nacional de la Música (INM), entidades que forjaron sus sólidas bases musicales. Hoy el instrumentista se consagra como uno de los músicos costarricenses de mayor proyección internacional.

–Ahora está afrontando el reto más grande: el trabajo diario con la institución. ¿Cómo han sido estos meses de trabajo en The Metropolitan Opera?

–Aparte de una gran experiencia musical y de crecimiento personal, han sido meses muy intensos, así lo puedo describir. Muy intensos porque cuando estaba en la U no tenía ensayos de tres horas todos los días, no tenía una ópera todas las noches; a uno sí le dicen que la audición puede ser difícil o un poco intensa, pero estar sentado en la silla con la orquesta es un proceso de adaptación que todavía no termina.

"La gente me dice que para estar completamente adaptado a la orquesta pueden pasar de tres a cuatro años tocando ópera. Es intenso. Hay que trabajar mucho, pero estoy poniéndole bastante, porque no cualquiera tiene la oportunidad de tocar en una orquesta de este nivel y estoy muy contento por eso".

–¿Qué ha sido lo más difícil?

–Para alguien que no estaba acostumbrado a tocar ópera, como yo, lo más difícil es el hecho de aprenderse las óperas. Tener tiempo limitado de ensayos, porque uno no ensaya durante una semana, máximo son tres o cuatro ensayos, y después hay que empezar con los shows.

"Ese ritmo es un reto porque uno tiene tiempo limitado, tiene poco tiempo para aprenderse la ópera, tiene poco tiempo para aprenderse el score musical (partitura con todos los instrumentos) para no perderse y tener una idea de lo que está pasando alrededor, estar anuente a esos detalles.

"Lo más difícil es eso: aprenderse la ópera bien y llegar a un punto de confort con la pieza, pero eso se logra tocándola un número de veces, unas diez veces, pero entre más lo haga uno más se acostumbra a eso".

–¿Cómo es un día de trabajo? ¿Cómo es la rutina?

–En el Met, empezamos los ensayos a las 10:30 a. m., pero yo siempre estoy a las 9:00 ó 9:30 a.m. Hago mi rutina diaria de ejercicios con mi instrumento y, como llego más temprano, trato de hacerla lo más relajado posible.

"El promedio de ensayos es de 10:30 a. m. a 2:30 p. m. y tenemos un break como de media hora. Los ensayos son muy al grano y se deben tener listas ciertas cosas. A uno le dicen: se ensaya de aquí a aquí porque mañana es otra sección.

"En el ensayo general, la ópera se toca solo una vez y hay que estar muy anuente a los detalles, hay que estar muy atento con todo y estar escuchando. Si es una ópera larga como Parsifal (Richard Wagner), hay que estar contando y tratar de no perderse, ahí es donde el estudio del score musical (partitura con todos los instrumentos) fluye más.

"A las 2:30 p. m. termina el ensayo y si alguien me llama para una clase, la doy entre las 2:30 p. m. y las 6:30 p. m., porque me gusta tener una hora libre antes de las funciones, que generalmente son a las 7:30 p. m. o a las 8 p. m.".

El costarricense trabaja al lado de grandes figuras como el director Yannick Nézet-Séguin quien asumió la dirección musical del Met este año. Foto: Cortesía de Hugo Valverde.
El costarricense trabaja al lado de grandes figuras como el director Yannick Nézet-Séguin quien asumió la dirección musical del Met este año. Foto: Cortesía de Hugo Valverde.

–¿Cuántas horas al día estudia?

–Depende. Si tengo ensayo en la mañana y si esa noche no me toca ópera, estudio un par de horas en la tarde o en la noche, pero no tanto, porque al otro día tengo que tocar. No puedo lastimarme los labios porque al día siguiente tengo que estar listo para el ensayo o para la función de la noche.

"Siempre intento hacer una buena sesión de práctica, pero siempre trato de terminar un poco fresco porque al otro día voy a necesitar la energía. Los labios son músculos que no son tan grandes como un bicep y no pueden hacer faenas muy largas, tengo que ser muy cuidadoso, porque si hay una lesión cuesta mucho recuperarse. Uno siempre tiene que darse cuenta del límite, hay que ser cuidadoso".

–¿Cuáles son las óperas en las que participará durante esta temporada?

Norma, Tosca, The Exterminating Angel, Cendrillon, Così Fan Tutte, Requiem de Verdi, Semiramide, Luisa Miller, Parsifal, Elektra, Il Trovatore, Die Zauberflöte, Turandot, La Bohème, Madama Butterfly, Cavalleria Rusticana, Pagliacci, Le Nozze di Figaro, Hansel and Gretel, The Merry Widow, Thaïs, Les Contes d’Hoffmann, L’Elisir d’Amore, Lucia di Lammermoor, Roméo et Juliette. Además de tres conciertos con repertorio sinfónico en el Carnegie Hall, incluyendo las sinfonías 4 y 5, de Gustav Mahler, y la número 4 de Piotr Chaikóvsky.

–¿Cómo ha sido el proceso de aprender óperas de compositores y géneros tan diferentes?

–Es lo más difícil porque estar tratando con al menos tres o cuatro óperas a la semana es algo extremo, no muchas compañías de ópera lo hacen, pero en el Met, como es tan grande, tan conocido y simplemente porque es el Met, se hace así. Son mínimo tres o cuatro óperas que se tienen que estar manejando a la semana.

"Entre más estudio haga uno de la parte del director, entre más estudio haga de la parte y entre más la escuche mejor le va a ir. Siempre trato de estar adelante en ese sentido, trato de aprenderme la ópera lo más antes posible y lo mejor posible, y si no escuché el segundo acto de tal ópera, en el ensayo me va a tocar poner bastante atención. Así sería, tratar de estudiar lo más posible".

–¿Cómo ha sido trabajar con Yannick Nezet-Seguin, nuevo director musical de The Metropolitan Opera?

–En los ensayos, él nos dijo que está muy contento de estar con The Met Orchestra, pero que su responsabilidad es llevar a la orquesta a otro nivel. Entonces, desde el primer ensayo, estaba muy sumergido en la música, era muy claro con las ideas musicales, estaba anuente a sugerencias y lo que más nos gustó es que él ya sabía lo que quería.

"Él tiene una forma de dirigir que todo fluye bastante bien y todo es muy claro, así es fácil llevar la obra a otro nivel. Es fácil entender el mensaje de la pieza cuando alguien es flexible y sabe lo que está haciendo.

"En realidad, él está joven y tiene mucha energía; es increíble. Tiene mucho conocimiento musical y sabe mucho de las tendencias de los instrumentos o de los errores comunes que podría cometer cada instrumento; entonces, él trata de hacerlo de una forma en que uno se mantenga fuera de ese margen. Lo hace sentir cómodo, es fácil acoplarse con las otras secciones y es fácil escuchar. Él hace que estemos aún más conectados con los cantantes aunque ellos estén un poco lejos porque la orquesta está en el foso. Yannick siempre trata de llevarlo todo a un buen ritmo".

–¿Cómo es la dinámica cuando interpretan una ópera tan grande como Parsifal? Son cinco horas de música, ¿cierto?

–Eran 6 horas; empezábamos a las 6 p. m. y salíamos a las 12 n.; hubo un sábado que empezamos a las 7 p. m. y salimos a la 1 a. m. Contando las pausas y los intermedios de los actos son seis horas, con intermedios de media hora cada uno, una hora en total. Pero con Yannick todo el mundo tan estaba atento, así que, en realidad, no se sentían las seis horas porque él estaba muy concentrado de que todo fuera perfecto dándole la entrada a cada músico.

"Parsifal es una ópera muy intensa, muy sublime; es música muy difícil de entender para el público y para nosotros también, un poco. Yo decía: '¡Wow! Esto es algo que nunca he visto en realidad'".

–¿Cómo es un día libre suyo en Nueva York? ¿Cómo disfruta de la ciudad?

–Hay tanto que hacer aquí, siempre hay algo nuevo, algún restaurante, una calle que uno quiera ver. Hay muchas áreas de Manhattan que me gustan, por ejemplo, Midtown, Chelsea, Financial District, es bonito ir a verlas. Casi siempre voy por un café porque me encanta el café.

"De vez en cuando hago caminatas o voy a correr al Central Park y trato de encontrar espacios para despejarme un poco. Es importante despejar la mente porque cuando uno está tan metido en algo, uno necesita espacios a nivel físico y mental.

"Estar estable es algo que cuesta un poco al principio porque uno está tan metido en aprenderse las óperas, en estudiar y estar tan concentrado de que todo salga bien que, a veces, uno se estanca un poco y siente como que el cerebro no está al máximo.

"Las caminatas siempre ayudan, siempre trato de encontrar tiempo para hacer estas cosas. Generalmente, voy por un café a una cafetería diferente, eso es lo que me gusta hacer e ir a caminar".

El costarricense trabaja con el Metropolitan Opera, que es uno de los tres grandes templos del mundo operístico, junto al Covent Garden y La Scala de Milán. La orquesta es considerada una de las mejores del mundo. Foto: Pedro Díaz Cosme.
El costarricense trabaja con el Metropolitan Opera, que es uno de los tres grandes templos del mundo operístico, junto al Covent Garden y La Scala de Milán. La orquesta es considerada una de las mejores del mundo. Foto: Pedro Díaz Cosme.

–¿Qué es lo más difícil de vivir en el extranjero?

–No estar a diario con la familia. Llega un momento en que uno tiene que hacer las cosas solo; entonces, eso sí me pegó mucho al principio. Cuando estaba en Lynn University (donde cursó el bachillerato) no tenía que preocuparme por pagar renta, por hacer la comida; era simplemente ir a clases, uno la llevaba suave. Había días que me pegaba y decía: me gustaría estar en Costa Rica, pero nada que una llamada no curara, obviamente.

"Cuando uno está con un trabajo que demanda mucho, pega aún más. A veces me pregunto: ¿cocino o no cocino? Hay que pagar la renta, la electricidad, hay que llegar a tiempo, hay que lavar la ropa, planchar, todas esas cosas. Con el tiempo, uno va mejorando; yo diría que ya estoy acostumbrado y me va a tocar acostumbrarme más, porque voy a pasar la mayor parte del tiempo aquí y va a ser limitado el tiempo que yo voy a pasar en Costa Rica, pero eso hace que el tiempo que pase en Costa Rica lo disfrute aún más.

"Siempre espero con ansias volver a Costa Rica, aunque sea por uno o dos meses, para sacarle todo el provecho, ver a toda la gente posible, ir a los restaurantes que yo quiero, ir a la montaña o a la playa".

–Ahora que puede ver en retrospectiva, ¿qué piensa de las instituciones musicales costarricenses?

–Lo más importante es el fogueo y tener el apoyo de los profesores, que los profesores siempre estén anuentes a que uno esté progresando. Si alguien tiene problemas, hay que tratar de solucionarlos y, si no funciona de una forma, tratar de otra inmediatamente. No se debe asumir que todos van a aprender de la misma manera.

"Eso es algo que aprendí estando en la maestría: el profesor nos decía que se acopla a la forma en que nosotros tocamos, la forma en la que nosotros aprendemos y eso es algo que lo hace aún más personalizado. Siento que eso también beneficiaría mucho a las instituciones musicales en Costa Rica".

–¿Cuál es el valor que tiene para usted el repertorio latinoamericano?

–Es muy importante, no es que tenga muchas oportunidades de interpretar música latinoamericana en el Met, pero tengo proyectos para hacer un recital con música latinoamericana y, sobre todo, de Costa Rica. Pronto, voy a estar en contacto con compositores nacionales para ver si pueden escribir piezas para corno y piano con el fin de tocarlas aquí, en algún evento del Met, por ejemplo; tenemos muchas actividades para la gente que nos apoya.

"Ellos quieren escuchar a los músicos y me encantaría tocarles algo que venga de Costa Rica; en realidad lo que siempre hago es tocar piezas típicas y muchas de ellas las pongo en Instagram, esa es una forma de mantenerse en contacto con el público. Es muy importante tocar la música de donde uno viene porque uno se siente más cerca (del país) y uno está transmitiendo eso fuera de las fronteras".

–¿Cómo valora a las principales orquestas del país: la Orquesta Sinfónica Nacional, la de Heredia y la de la Universidad de Costa Rica...?

–Les tengo mucho respeto a todas esas entidades porque se comprometen a llevar música a las comunidades, lo cual es sumamente importante para mantener y preservar el apoyo a la cultura, a los compositores nacionales y a los miembros de dichas instituciones.

"Admiro que ellas se preocupan por brindar espacio a los compositores nacionales para que puedan compartir su música con el pueblo; eso me pone muy feliz. Conozco a muchos de los integrantes de dichas orquestas y los admiro, porque no es una tarea fácil ser músico".

–¿Tiene planeado tocar con alguna orquesta costarricense?

–Espero poder tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional porque para mí siempre es un enorme placer hacer música con las personas excepcionales que la conforman. No tengo nada programado en Costa Rica hasta el momento, pero sí tengo unos proyectos en mente; llevarán tiempo eso sí.

–¿El “pura vida” le ha dado ventaja en este nuevo mundo?

–(Risas) Poco. Aquí mucha gente me dice: ¡El pura vida de Costa Rica! Y uno se siente orgulloso porque la gente sabe lo que es 'el pura vida'. Muchos me han dicho que los ticos nos caracterizamos por el carisma y la forma de entrarles a las cosas; bueno, Latinoamérica tiene eso, que cuando uno se compromete hacer algo, por más trajín que uno tenga que pasar, uno sabe que lo puede lograr poniéndole bastante, haciendo sacrificios.

"Pero, al final del día, si todo eso es para bien, pues se va a sentir bien. No solo se beneficia uno, también la familia, los amigos y, de cierta manera, el nombre de Costa Rica, porque la gente dice: es costarricense, deja mucho qué pensar de una buena manera, en buen sentido".

Trayectoria
  • Ingresa  a la Escuela de Música de Barva en el 2002. Un año después, Hugo Valverde decide estudiar corno francés junto al profesor Daniel León.
  • En el 2008, él inicia sus estudios en el Instituto Nacional de la Música junto al profesor Luis Murillo, cornista de la Orquesta Sinfónica Nacional.
  • Cuatro años más tarde, parte a Estados Unidos para estudiar en Lynn University, en Boca Ratón, Florida.  Ahí estudia con el profesor Gregory Miller.
  • En el 2016 comienza la maestría en Shepherd School of Music, en Rice University ubicada en Houston, Texas. Realiza clases junto a William VerMeulen.
  • Empieza labores como segundo cornista en The Met Orchestra en setiembre de 2017.