Áncora

‘El padre’: Anthony Hopkins salva, solito, una película

Ganadora en los premios de la Academia del 2021, ‘El padre’ le ofrece al incomparable Anthony Hopkins la oportunidad para crear una elegía, un poema actoral, un nuevo ser humano para la galería de personajes inolvidables que nos ha legado.

Ancora-Anthony Hopkins pie de foto "El anciano demente vuelve a ser un niño, y llora desconcolado en el hombro de su enfermera".
Ancora-Anthony Hopkins pie de foto "El anciano demente vuelve a ser un niño, y llora desconcolado en el hombro de su enfermera".
Ancora Anthony Hopkins Anthony Hopkins no es un actor: es un poema, una elegía, música encarnada. Archivo

Cuando vi anunciada en cartelera una película con Anthony Hopkins titulada El padre, pensé con ilusión que quizás se tratase de una versión cinematográfica de la estremecedora, doliente pieza de teatro homónima del dramaturgo sueco August Strindberg (1849-1912). Hubiera sido algo sensacional: pocas obras generan en mí el sentimiento de claustrofobia, impotencia y desesperación que me provoca esta pieza maestra del autor de La señorita Julia (con lo cual, queridos lectores, estoy haciéndoles una señita para que la lean, o siquiera vean en YouTube un montaje teatral de ella). Pero no era Strindberg. En realidad se trataba de una coproducción franco-británica, llevada a la pantalla por el principiante director Florian Zeller, basada en una obra de su propia autoría publicada en 2012. Ya esta pieza había inspirado un filme en 2015: Floride. La película se coló en la lista de las ocho nominadas para las estatuillas de la Academia, pero no pudo contra Nomadland, una de los mejores opus salidos de Hollywood en décadas.

¿Es El Padre una gran película? No. Es, sin duda, una buena película, pero no una gran película. Para ser exactos, es una película que en manos de cualquier actor que no fuera Anthony Hopkins, hubiera pasado inadvertida. Pero claro, Hopkins la impregna de su genio actoral, de su virtuosismo histriónico, de su vasta experiencia en el teatro y el cine, y él, solito, la transubstancia: la convierte en una vivencia inolvidable.

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